Helsinki/Copenhague.- Los países nórdicos, con la pequeña Islandia a la cabeza, han logrado frenar la propagación del coronavirus y han comenzado una cautelosa desescalada de las medidas de contención, en un entorno en el que destaca la excepción sueca por su modo menos estricto de afrontar la pandemia.

Este viernes, la primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, anunció que su país ha conseguido poner freno a la expansión de la COVID-19 gracias a las severas medidas adoptadas desde una fase temprana y a la responsabilidad de sus ciudadanos, sumándose así a Dinamarca, que el martes aseguró que la pandemia está bajo control.

“Mediante una respuesta temprana, hemos logrado frenar la progresión de la epidemia y hasta ahora hemos sido capaces de evitar un pico pronunciado de la enfermedad. Esto ha sido posible gracias a todos los ciudadanos que han actuado de forma responsable”, dijo Marin en rueda de prensa.

Finlandia ha registrado hasta la fecha 6.228 casos confirmados y 293 muertos por la COVID-19, con una tasa de 113 contagios y 5,3 fallecidos por cada 100.000 habitantes.

Según datos del Instituto Nacional de Salud y Bienestar (THL), Finlandia superó el pico de la pandemia a mediados de abril y desde entonces el ritmo de contagios se ha reducido de forma leve pero constante, hasta alcanzar un factor R0 (tasa de contagios por individuo infectado) de entre 0,6 y 0,85.

La mejora de la situación ha permitido al país nórdico empezar a retirar algunas restricciones que han supuesto la reapertura parcial de las fronteras y la vuelta al colegio de los estudiantes, medidas a las que se sumarán la apertura -con limitaciones- de bares, restaurantes, teatros, museos y bibliotecas a partir del 1 de junio.

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Al mismo tiempo, Finlandia ha apostado por lo que denomina una “estrategia híbrida” contra la pandemia, que consiste en mantener ciertas restricciones y al mismo tiempo centrar sus esfuerzos en hacer más test, rastrear las cadenas de contagio, aislar a los infectados y dar cuidados médicos a los enfermos que los requieran.

DINAMARCA Y NORUEGA COMPARTEN ESTRATEGIA

También dio por controlada la epidemia esta semana la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, cuyo gobierno fue uno de los pioneros en Europa en cerrar fronteras y vida pública, aunque sin confinamiento, y lo ha sido igualmente en empezar a levantar restricciones.

Dinamarca reabrió guarderías y escuelas, para algunos cursos, a mediados de abril; luego peluquerías, clínicas de belleza y fisioterapia; esta semana han reanudado su actividad el comercio minorista y los centros comerciales; y, desde el lunes, lo harán cafés y restaurantes, con restricciones de espacio y horario.

Que la tasa de contagio haya bajado tras la reapertura parcial de centros escolares hasta el 0,7 y que el número de pacientes hospitalizados y en cuidados intensivos haya caído de forma constante desde principios de abril han disparado el optimismo.

El máximo responsable en infecciones del Instituto Nacional de Salud, Kåre Mølbak, descartó esta semana una segunda oleada del virus, aunque da por hecho rebrotes que el Gobierno quiere atajar mediante una estrategia de test y rastreo más ofensiva.

El Ejecutivo danés ha consensuado también cómo serán las siguientes fases, que entre junio y agosto incluirán la reapertura de museos, cines, teatros, discotecas y gimnasios y que el número de personas congregadas permitido se amplíe de 10 a 30 o 50.

En situación similar se encuentra Noruega, que también ha iniciado casi al mismo tiempo una reapertura de la vida pública, aunque las autoridades no hayan usado términos tan optimistas.

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Noruega abrió guarderías, escuelas (hasta los 10 años) y pequeños comercios a finales de abril, y desde el pasado lunes se han sumado el resto de cursos de primaria, enseñanzas medias y el deporte organizado, además de aumentar de 5 a 20 las concentraciones de personas permitidas.

Las terrazas de restaurantes y cafés que no vendan comida, así como los parques de atracciones, abrirán desde el 1 de junio, y semanas después lo harán gimnasios y piscinas, además de permitirse eventos de hasta 200 personas y el deporte de élite.

SIN PACIENTES HOSPITALIZADOS EN ISLANDIA

Desde el miércoles Islandia no tiene ya ningún paciente de COVID-19 hospitalizado, por primera vez en dos meses, aunque hay una docena de personas aisladas en sus casas como medida de precaución y se ha detectado un nuevo positivo, el primero en casi una semana.

Ningún país ha hecho más test en proporción que este estado-isla de 360.000 habitantes, que ha realizado pruebas a más del 15 % de su población, una estrategia completada con un rastreo exhaustivo de los contactos y aislamiento.

Gracias a esa táctica presenta una de las tasas de muertos más bajas de Europa (2,83 por 100.000 habitantes) y el Gobierno, que ha mantenido abiertas guarderías y escuelas (aunque con restricciones), inició a principios de este mes la primera fase de reapertura.

Las guarderías y escuelas islandesas funcionan con normalidad, institutos y universidades han abierto, al igual que peluquerías y salones de belleza y, en unos días, lo harán bares y restaurantes, a la vez que se permitirán concentraciones de hasta 200 personas.

LA EXCEPCIÓN SUECA

Al contrario que sus vecinos, Suecia ha optado por una línea más laxa, basada en recomendaciones generales para proteger a los grupos de riesgo y apelar a la responsabilidad individual, a la vez que ha introducido algunas medidas restrictivas de forma progresiva.

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No se han cerrado ni guarderías ni escuelas (sí institutos y universidades) y se mantienen abiertos con restricciones bares y restaurantes, aunque están prohibidas las concentraciones de más de 50 personas.

Con más de 3.600 muertos, Suecia tiene una tasa de 33,98 muertos por 100.000 habitantes, que triplica la de Dinamarca y es siete veces mayor que la de Noruega, mientras las autoridades niegan que su objetivo sea alcanzar la inmunidad de rebaño y los sondeos muestran un apoyo sólido a la estrategia.

Pese a presentar peores números que sus vecinos, Suecia parece haber superado el pico de contagios y muertes hace semanas, la curva se ha ido aplanando lentamente y la tasa de contagio está ahora por debajo de 1.

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