Buenos Aires,- “No somos héroes, tampoco kamikazes”. La frase cae como un jarro de agua fría entre quienes aplauden desde los balcones al personal sanitario argentino, ignorando los sueldos “muy bajos” y el “desgaste” físico y anímico cada vez mayor de los profesionales de la salud.

Así al menos lo considera Fernanda Boriotti, hematóloga y presidenta de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de Argentina (Fesprosa), para quien esas ovaciones diarias “pueden actuar en forma contraproducente” al desconocer la realidad de un sector precarizado también en tiempos de pandemia.

“No somos héroes, tampoco kamikazes. Solo somos trabajadores que necesitamos de buenos salarios y de equipos de protección adecuados para poder atender a la población”, manifiesta en una conversación telefónica a Efe.

Estas demandas tienen lugar en un país donde alrededor del 17 % de los infectados por COVID-19 son trabajadores de los centros de salud, una situación fruto no solamente de los fallos iniciales en los protocolos para hacer frente al virus, sino también de la vulnerabilidad que ya afectaba previamente al sector sanitario.

MÁS DE 870 SANITARIOS INFECTADOS EN DOS MESES

El aislamiento preventivo, que se instauró el pasado 20 de marzo, fue “muy positivo” para reorganizar todo el sistema de salud argentino, un tiempo que resultó “crucial” para conseguir más respiradores, dotar de más camas de terapia intensiva y preparar los centros sanitarios ante la llegada de la pandemia.

No obstante, agrega Boriotti, todavía hay hospitales y centros de atención primaria sin suficientes equipos de protección, ubicados “casualmente en las zonas más vulnerables”, como son el interior de las provincias, los barrios y las zonas periféricas de las ciudades.

“Los hospitales de mayor complejidad tienen (equipos de protección), pero a medida que vamos reduciendo la complejidad, es más difícil. Están contando si tienen dos barbijos -mascarillas-, si tienen tres batas… Es una cuestión que preocupa mucho”, subraya la doctora.

De hecho, la falta de dichos equipos, la lentitud en la unificación de los protocolos y la poca capacitación del conjunto de los trabajadores, no sólo de médicos y enfermeros, han influido en la cifra de más de 870 sanitarios contagiados por COVID-19, una enfermedad que ha acabado con la vida de, al menos, nueve profesionales de la salud argentinos hasta ahora.

También afectan los “muy bajos” salarios del sector, que oscilan entre los 40.000 y los 50.000 pesos mensuales (alrededor de 594 y 743 dólares) por 24 y 36 horas semanales de trabajo, respectivamente, abocando a muchos profesionales de la salud al pluriempleo y disparando en consecuencia las posibilidades de contagio.

“El pluriempleo, con el desgaste que implica, es bajar la guardia, es no estar alerta y atento en cómo me pongo el equipo de protección, cómo me lo saco, si dejo algo apoyado encima de una mesa y después no lo limpio… Todas esas cosas son también producto del cansancio y del desgaste laboral”, destaca Boriotti.

SOBRECARGA DE HORARIOS Y FUNCIONES

Con alrededor de 1.600 contagios, la capital argentina es uno de los principales focos de transmisión del coronavirus en el país, una circunstancia que, por el momento, no ha implicado un colapso en sus hospitales.

Para Jorge Gilardi, ginecólogo y presidente de la Asociación de Médicos Municipales de Buenos Aires, la reorganización de toda la actividad hospitalaria llevó a que haya “sobrecargas” en algunos sectores y a que incluso haya “cambios de funciones”.

“Hay algunas especialidades que están muy vacías de pacientes en este momento, y entonces se están llevado a lo que se llama las unidades febriles de urgencia para controlar febriles. Hay una sobrecarga horaria importante”, afirma.

Unas horas extra que vienen acompañadas por cambios de horario, con rotaciones semanales para prevenir contagios entre los propios compañeros.

“Algunos que trabajábamos solo a la mañana hacemos mañana y tarde, o tres mañanas y dos tardes. A veces hacemos trabajo en espejo, para no caer todo el equipo: esta semana trabaja intensamente uno, y la otra semana trabaja en esa línea intensamente otro, y el otro pasa a la retaguardia”, explica Gilardi.

Otra de las preocupaciones de los médicos, sobre todo por sus consecuencias a corto y medio plazo, es la cada vez menor concurrencia de pacientes por otras patologías, llegando a reducir hasta un 80 % la afluencia de algunas consultas y disminuyendo a su vez el número de operaciones de urgencia.

“Hay muchos pacientes que han dejado de tener el control estricto que tenían sobre su salud. Pos-COVID, nosotros eso lo vamos a notar también”, recuerda Gilardi.

CAÍDA EN LA FACTURACIÓN Y BAJADA DE SUELDOS EN LOS CENTROS PRIVADOS

Dicha reducción en las visitas al médico ha tenido un fuerte impacto en los centros privados, cuya facturación ha caído un 50 % interanual abril, según la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas, una organización formada por más de una treintena de entidades.

Entre ellas está el Hospital Italiano de Buenos Aires, un centro que “redujo fuertemente sus prestaciones no urgentes y también sus ingresos” este último mes, lo que llevó a un recorte del 12 % de los honorarios de aquellos monotributistas que no se encuentran en relación de dependencia.

Según la Asociación de Médicos de la Actividad Privada (AMAP), alrededor de 2.000 médicos estarían afectados por esta medida, unos trabajadores que al no tener relación de dependencia “carecen de licencia por enfermedad, no tienen vacaciones” y “cobran por las prestaciones que den”.

“Eso es inadmisible en medio de una pandemia. Cuando el médico está esforzándose y trabajando y poniendo el cuerpo, que a alguien se le ocurra, como única medida, bajarle el sueldo al profesional realmente es inentendible”, señala a Efe Héctor Garín, cirujano y secretario general de la AMAP.

UN MOMENTO PARA VALORAR LA SALUD PÚBLICA

Los sanitarios tampoco han cobrado todavía los 20.000 pesos (alrededor de 297 dólares) en cuatro cuotas aprobados por el Gobierno argentino en el marco del COVID-19, sumándose así a la tardanza en retomar las negociaciones de actualización salarial, en un país que cerró 2019 con una inflación del 53,8 %, la tercera más alta del mundo.

Dicha situación, sostiene Fernanda Boriotti, deja al personal sanitario “sin armas” y “sin herramientas”, condenándolo al pluriempleo y “a ver de qué manera se consigue un peso más”.

En cualquier caso, la responsable de Fesprosa considera éste un momento ideal para “valorar el trabajo de salud y el compromiso del profesional de la salud”, con una mejora en sus condiciones a la altura de las circunstancias.

“Acompáñennos en nuestros reclamos, acompáñennos en valorizar, no como héroes, sino como trabajadores de un sector crítico hoy, ayer y mañana, que somos los que vamos a garantizar el derecho a la salud pública”, sentencia Boriotti.

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