París,- A punto de cumplir dos meses de confinamiento, París se prepara para una vuelta a la normalidad que, con sus hospitales aún sometidos a una gran presión, tiene poco de corriente. Pero en lo esencial los parisienses recuperarán sus calles, los comercios reabrirán y los niños volverán a la escuela.

El regreso a las aulas es sin duda el punto más polémico de las medidas previstas por el Gobierno a partir de este 11 de mayo, con clases que recibirán a un máximo de 10 a 15 alumnos y que acogerán de forma prioritaria a los hijos de trabajadores que deben reincorporarse imperativamente a sus puestos.

Virgil, conductor de autobús, ha seguido trabajando durante el confinamiento pese a que la línea que tiene asignada, en pleno centro de la ciudad, va prácticamente vacía. Es uno de esos operarios que podría disfrutar de la preferencia para que sus hijos vuelvan al colegio, pero no lo hará.

“Ni loco, no se me ocurriría hacerlo. ¿Cómo voy a arriesgarme a exponerlos así? Y mis colegas igual, dicen que tampoco los mandarán. O se quedan en casa o contrato con una niñera”, dice Virgil, residente en la periferia.

El Ayuntamiento de París ha optado por que la reincorporación de los niños a sus centros se retrase hasta el 14. Los tres días previos serán para prepararla con el personal.

“La prioridad será recibir a los niños en situación de vulnerabilidad social o de discapacidad, niños de profesionales que deben volver al trabajo y los de último curso de infantil” en el que comienza el aprendizaje de la lectura, explica el responsable de educación del consistorio, Patrick Bloche.

El Ayuntamiento calcula que durante las primeras semanas podrán acoger a un 15 % de los 130.000 niños escolarizados en primaria, es decir, cerca de 20.000 niños. Contempla escalonar los horarios para que los dejen los padres, de forma que se eviten las grandes concentraciones, y ampliar las aceras cuando sea posible.

AMPLIAR ACERAS

La alcaldesa Anne Hidalgo y su equipo pretenden que esta desescalada del confinamiento sea una oportunidad para poner en práctica nuevas formas de movilidad.

“El coche no es una opción”, advirtió en una conferencia virtual esta semana el responsable de transportes, Christophe Najdovski, que señaló que en esta primera fase se adaptarán 50 kilómetros de los principales ejes de la ciudad para reducir el espacio para los vehículos y convertirlos en carriles de bici temporales.

El objetivo es cubrir así las vías que discurren en superficie por los trayectos de las tres líneas de metro más concurridas, que se irán ampliando en las semanas venideras y hasta finales de junio, e incitar a la gente a desplazarse a pie o en bici, cuando no quieran tomar el metro al que muchos se niegan a recurrir.

Para ello también se van a ampliar las aceras de una treintena de calles comerciales, así como en los alrededores de grandes estaciones de tren donde esta semana se retiraban las filas de aparcamiento para dar más espacio a los peatones.

REABRIR NEGOCIOS

Los comerciantes, que esta semana se aprestaban a limpiar sus tiendas, han abierto en algunos casos para pedidos a domicilio o entregas de compras previamente pagadas. Pero el impacto del confinamiento se ve en sus rostros.

Jérôme Breuin, responsable de la floristería La Garde Champêtre, en la rue de Martyrs, ha readaptado su negocio moviendo el mostrador hasta la entrada e instalando una mampara. A partir del lunes abrirá con horarios normales pero solo dejará entrar a un cliente a la vez.

“El objetivo el lunes es retomar la vida como antes al máximo, integrando las medidas higiénicas para intentar que este virus no nos impida vivir. Hay que poner en seguridad a mis empleados y a los clientes pero sobre todo hay que reanudar la actividad”, dice.

Como él, muchos ponen a punto sus tiendas con caras largas. El parón ha sido traumático, confiesan, y en las últimas semanas cada uno ha buscado argucias para no cerrar completamente.

MASCARILLAS PARA TODOS

Esta popular calle comercial, que une el centro con el barrio de Montmartre, parece haber escapado al confinamiento: la gente hace cola ante las tiendas, ocupa la calzada y se pasea aprovechando el buen tiempo.

La única diferencia en el paisaje son las mascarillas, cada vez más presentes. Algunas tiendas venden incluso modelos fabricados por ellos mismos.

A partir del lunes, más de 900 farmacias servirán como punto de distribución de 2,5 millones de mascarillas para que cada vecino pueda recoger la suya, previa reserva por internet en la web del ayuntamiento.

Pese a estar calificada como una de las regiones con mayor presión sanitaria por la epidemia, los parisinos podrán volver a pasear sin llevar una declaración jurada y salir a correr a cualquier hora del día.

Los pequeños museos reabrirán a partir del 16 de junio y el Ayuntamiento espera que la vida cultural se reanude en agosto, dando por hecho que muchos no podrán irse de vacaciones y que habrá una vida “más densa” que otros agostos, tradicionalmente desiertos.

El mayor temor es que, con los bares y restaurantes aún cerrados, los parisinos ocupen el espacio público para hacer picnic y beber alcohol en las calles.

“No hemos querido imponer prohibiciones, sino una llamada a la responsabilidad personal. Pero pediremos a la prefectura medidas complementarias para limitar la venta de bebidas alcohólicas”, avisan responsables del consistorio.

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