Sao Paulo,- La pandemia del COVID-19 llevará al sector de la seguridad privada a “una nueva realidad”, como sucedió después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, según el director mundial del área de Seguridad de Prosegur, José María Pena.

En una entrevista con Efe en colaboración con la Cámara Oficial de Comercio Española en Brasil, Pena repasó los desafíos de la empresa, una de las que más genera empleo en Brasil, con cerca de 55.000 colaboradores distribuidos en sus divisiones de Alarma, Seguridad y Cash (transporte de fondos).

En Brasil “estamos con un programa del mantenimiento de empleo, con las ayudas del Gobierno, lo que estamos haciendo son reducciones de jornada”, aseguró el directivo, quien dirige el negocio de Seguridad de la multinacional española desde Sao Paulo.

Prosegur, que también actúa en países como Argentina, Colombia o Chile, cuenta con una facturación anual de unos 4.000 millones de euros; 9.000 vehículos blindados; 500.000 cámaras de vigilancia; 585.000 alarmas instaladas y unos 100.000 cajeros automáticos.

Pregunta: ¿Una empresa del porte de Prosegur, cómo está encarando una situación que se prevé más dura que la de 1929?

Respuesta: El primer foco ha sido los empleados, tenemos una responsabilidad con ellos. Las empresas españolas hemos tenido la suerte de ver en España el incremento de la crisis y el incremento de los contagiados y hemos tenido la suerte de poder, en ciertos países como Brasil y el resto de Latinoamérica, adelantarnos a tomar medidas como el teletrabajo, medidas de seguridad, equipos de protección individual.

La mayoría de nuestros servicios son de vigilancia, están a la primera línea del fuego, con lo cual, más razones todavía para tener más cuidado. Lo que hemos hecho también ha sido asegurarnos que seguimos atendiendo a nuestros clientes (…) Un punto importante también que tiene más sentido en la crisis, es la fortaleza financiera del grupo. Nosotros hemos sido siempre una empresa muy conservadora en cuanto a la gestión de capital, la gestión de deuda.

P: Cuentan con 55.000 empleados en Brasil (superando a España). Están a primera línea de la batalla del COVID-19. ¿Tienen ya algún dato de cuántos contagiados tienen? ¿Han tenido que aplicar algún expediente de regulación temporal de empleo?

R: El dato de contagios no es un dato público. Sí que hemos tenido contagios y no lo podemos dar (…) Ahora mismo, cualquier persona que tenga un problema respiratorio o una gripe, lo estamos contando como contagiado. Entonces este dato no creemos que sea un dato realista. Sobre la otra pregunta, una de las cosas que siempre hemos intentado ha sido (y preparándonos también para el futuro pos-coronavirus) el mantenimiento del mayor número de empleos. En el caso de Brasil, estamos con el programa del mantenimiento de empleo y con las ayudas del Gobierno, lo que sí que nos hemos apuntado y estamos haciendo son reducciones de jornada (…) Realmente creemos que después de la crisis tenemos que estar preparados para un repunte de los servicios y nuevas necesidades de servicios.

P: ¿Cuáles son las consecuencias de la crisis en su sector?

R: La seguridad pos-COVID va a ser igual que el 11 de septiembre creó para todo el tema de los aviones, etc. Creó una nueva realidad, yo creo que en todo lo que son controles de acceso, todo lo que son controles de aforo, etc. (…) Nuestro plan estratégico es una transformación de un negocio que era mucho más de recursos humanos y de personas a un negocio que es mucho más tecnológico.

P: Ese nuevo mundo que nos aguarda en el sector de la seguridad, ¿existe algún país que ya esté más avanzado en estas prácticas? Algún país asiático, la propia China? ¿Tienen alguna referencia a seguir?

R: Los países asiáticos siempre han sido más avanzados en toda la parte de conocimiento, en toda la parte de aplicación de nuevas tecnologías. En Europa hemos tenido siempre las capacidades tecnológicas, lo que ocurre es que en Europa la legislación es más restrictiva, toda la parte de protección de datos, etc (…) Yo creo que ahora es el momento de, no por capacidad tecnológica, sino desde el punto de vista más legal, de ver cómo vamos a reglamentar toda esta situación. Yo creo que Brasil, en específico, es un país que siempre se ha adaptado mucho más rápido a la tecnología.

P: China es un régimen no democrático. Las democracias liberales europeas y estadounidense son otra cosa. ¿Hasta qué punto los legisladores de estos países son capaces de ceder parte de privacidad por la seguridad, en este caso sanitaria?

R: Creo que al final tienes muchos componentes y tenemos que buscar cuál es el equilibrio entre seguridad y libertades (…) Al final, los riesgos de contagio que estamos viendo significan que tenemos que tomar ciertas medidas que hasta ahora no se han tomado (…) Creo que además hay dos partes que juegan un papel clave: las autoridades sanitarias (…) y la parte legal de protección de datos, que nos tienen que asegurar que, cuando nos estén midiendo la temperatura, la libertad de las personas la seguimos manteniendo.

P: ¿Aguardan un escenario en Brasil un poco apocalíptico durante la pandemia?

R: En Europa, en España, están hablando de caídas del PIB por encima del 10, 11, 12 %. Las estimaciones que hay ahora mismo en Brasil es de un 5 % (…) Dicho esto, el mayor riesgo que existe ahora mismo en Brasil es que la pandemia se alargue demasiado tiempo (ahora mismo son casi 8.000 muertos y 114.000 infectados) y a partir de allí puede tener otras consecuencias que bien conoces, es decir, la situación social, los problemas económicos que tiene el país y las diferencias que pueden hacer estallidos sociales. Es decir, el riesgo social en Brasil es mucho más alto que en otros países.

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