Zagreb. – Con desinfectante pero sin agua bendita. Sacerdotes y fieles con mascarillas. Distancia de prevención y sin poder darse la mano. Así se han celebrado hoy las primeras misas dominicales en Croacia después de más de un mes de confinamiento por la COVID-19.

Croacia, un país de 4,5 millones de habitantes en el que se han registrado un total de 2.088 contagiados y 77 muertos por la pandemia, inició el pasado lunes un desconfinamiento en tres fases.

La desescalada ya incluyó la reapertura de las tiendas y la reanudación del transporte público urbano, y a partir de mañana se retoma el trabajo de todas las clínicas y ambulatorios para tratamientos no urgentes, así como peluquerías y servicios similares.

La Conferencia Episcopal Croata (HBK) publicó un comunicado con motivo de la reanudación del culto por primera vez desde el 19 de marzo en el que pide el cumplimiento estricto de las medidas preventivas que las autoridades sanitarias han prescrito.

“Hay que atenerse a las medidas sanitarias para la necesaria prevención ante el virus desconocido y peligroso que amenaza la salud y las vidas de la gente. Juntemos, pues, la oración con un impedimento sabio y razonable de la enfermedad”, aconseja la HBK.

Cada obispo ha tenido la tarea de precisar para su comarca los modos de cumplir las recomendaciones detalladas para la celebración de las misas que ha publicado el Instituto croata de Salud Pública.

Los fieles deben entrar y salir de la iglesia uno a uno, antes y después de las ceremonias las iglesias deben ventilarse y desinfectarse los pomos de las puertas, bancos y otros objetos con que los fieles hayan estado en contacto.

Durante la eucaristía, el sacerdote, que debe llevar mascarilla y que previamente se ha desinfectado las manos, deposita la hostia en las manos de los fieles, que siempre deben mantener una distancia de dos metros unos de los otros.

La confesión se hace con mascarillas, en un espacio diferente a los confesionarios habituales y que garantice no solo la discreción sino también la distancia adecuada, mientras en la liturgia de “la paz sea contigo” no se permite dar la mano.

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