Naciones Unidas.- El alto el fuego alcanzado a principios de marzo en la provincia septentrional siria de Idleb, último gran bastión de los rebeldes, entre Rusia, principal socio del Gobierno de Damasco, y Turquía, que respalda a los rebeldes, ha favorecido una “calma significativa” en muchas partes del país, aseguró el enviado especial de Naciones Unidas para Siria, el noruego Geir Pedersen.

“Doy la bienvenida al hecho de que ha habido una calma significativa en muchas áreas de Siria, especialmente en relación a los picos de violencia de años anteriores. No hemos sido testigos de ofensivas totales ni de más desplazamientos desde principios de marzo”, dijo Pedersen al comienzo de la reunión mensual del Consejo de Seguridad de la ONU para discutir la situación en Siria, realizado por video conferencia.

No obstante, Pedersen subrayó la necesidad de “un acuerdo de alto el fuego que resulte en una calma sostenida y de alcance nacional (…) que permita a los sirios acceder a equipos y recursos necesarios para combatir la COVID-19. No podemos permitirnos las hostilidades”.

El enviado de la ONU alabó los esfuerzos del Gobierno y de otros grupos por contener el coronavirus, pero advirtió de que el país se enfrenta a “muchos retos que pueden minar la respuesta contra la pandemia”.

Asimismo, subrayó que el país mediterráneo carece de personal y equipo médico suficiente para afrontar esta situación.

“El sistema de salud está degradado en algunas áreas y destruido en otras, tras nueve años de conflicto armado”, agregó, antes solicitar el total acceso a la ayuda humanitaria al país, que ha sido recientemente limitado por el Consejo de Seguridad por presiones de Rusia, que defiende que toda operación humanitaria debe ser supervisada directamente por las autoridades de Damasco.

Por su parte, el representante de Rusia ante el Consejo de Seguridad, Vasili Nebenzia, también destacó que el alto el fuego alcanzado el 5 de marzo está siendo “observado de manera general” y que desde su entrada en vigor “la situación ha desescalado significativamente”.

Sin embargo advirtió de que “la pandemia no puede usarse como pretexto para blanquear a los terroristas” y volvió a insistir en la necesidad de que todo el país esté bajo el control del presidente Bachar al Asad.

El pasado 23 de marzo, el secretario general de la ONU, António Guterres, demandó un “alto el fuego mundial” que detenga todas las guerras para ayudar a hacer frente al coronavirus SARS-CoV-2.

“Nuestro mundo se enfrenta a un enemigo común: la COVID-19”, defendió Guterres entonces, en una conferencia de prensa virtual, en la que subrayó que es momento de parar todos los conflictos para centrarse en “la verdadera lucha de nuestras vidas”.

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