Nueva Delhi,- La irrupción del coronavirus en la India seguida del mayor confinamiento del planeta ha puesto patas arriba la lucha contra el VIH y la tuberculosis, la enfermedad infecciosa que más mata en el mundo y con el país asiático en cabeza: 480.000 muertos al año, unos 1.400 al día. La pandemia ha colocado a los afectados por ambas enfermedades, que acarrean un fuerte estigma social relacionado con la pobreza o la drogadicción, en una difícil situación, al limitar su acceso a medicamentos fundamentales para sobrevivir.
TODO EL MUNDO ESTA CENTRADO EN EL CORONAVIRUS
Los sanitarios y voluntarios que hasta hace un mes recorrían sin descanso, muchas veces a pie o en bicicleta, los caminos sin asfaltar del campo indio a la búsqueda de nuevos casos de tuberculosis han paralizado sus actividades. “Todas las personas dedicadas a la tuberculosis en la región, incluso en mi propia organización, están ayudando en la respuesta contra el coronavirus”, explicó a Efe la directora de la Unión Internacional contra la Tuberculosis y las Enfermedades Pulmonares (The Union) para el Sur de Asia, Jamhoih Tonsing.
El esfuerzo de ir casa por casa, tomando muestras de saliva y registrando cada dato no es para menos: la India registró en 2017 un cuarto de los 10 millones de casos de tuberculosis del planeta. Según los datos del Ministerio de Salud indio, 480.000 personas mueren cada año por esa enfermedad infecciosa en el país asiático, unos 1.400 al día. De momento, la India ha superado 600 muertes por coronavirus y roza los 20.000 casos confirmados.
Los expertos alertan de que servicios fundamentales como las cadenas de distribución de medicamentos se han visto impactadas por el foco de las autoridades indias en la COVID-19 y el estricto y súbito confinamiento ha impactado especialmente a los más pobres. “Respecto a la tuberculosis, lo que hemos visto es que los servicios básicos están más o menos funcionando. Pero los servicios adicionales se han visto fuertemente afectados”, atestiguó Tonsing.
Los laboratorios que prueban muestras de saliva siguen abiertos, pero no sirven de mucho si la gente no puede acceder a ellos, y la detección de nuevos casos ha caído en picado. Según datos oficiales, la India detectó 161.746 casos de tuberculosis en el mes previo a la imposición del confinamiento, el pasado 25 de marzo. Desde ese día y hasta el pasado 21 de abril, el número descendió hasta 41.119. Tonsing precisó que, al menos, las autoridades ordenaron dar un mes de tratamiento a los pacientes. “Antes tenían que venir a por tratamiento tres veces por semana o una vez por semana, dependiendo del estado de la enfermedad, pero ahora la política es dar un mes de suministros a todo el mundo”, explicó.
PACIENTES DE VIH DOBLEMENTE ENCERRADOS
En el barrio popular de Kotla, en el sur de la capital india, el confinamiento es relativo. Los comercios cerrados y los transeúntes enmascarados recuerdan que las restricciones en la lucha contra el coronavirus siguen en vigor, aunque en el mercado local las consignas de distanciamiento social apenas son respetadas por los cientos de personas que abarrotan los puestos de verduras. Pero en una de las calles adyacentes al bullicioso mercado, los internos en un centro para adictos y enfermos de VIH, dos condiciones que en muchos casos van de la mano en la India, son víctimas de un doble candado.
El que les prohíbe abandonar el centro hasta que no finalicen su rehabilitación y la del confinamiento obligatorio impuesto por el Gobierno, que bloquea las visitas médicas o la vuelta a casa para los que han completado el tratamiento. “Las visitas de los médicos son poco frecuentes, así que recibimos consejo por teléfono. Los doctores no pueden venir a causa del confinamiento y porque los hospitales están saturados por el coronavirus”, dijo a Efe Jaydeep, uno de los internos con VIH.
El centro acoge ahora a diez pacientes y no ha visto nuevas llegadas desde el inicio del confinamiento, aunque decenas de personas duermen en literas en varios pisos. En su mayor parte son jornaleros migrantes que han perdido sus trabajos a causa del parón económico y no pueden regresar a sus lugares de origen. El problema con el tratamiento del VIH es el mismo que el que sufren los pacientes de tuberculosis. Los centros funcionan y, con suerte, tienen recursos para ir tirando hasta el final del confinamiento. Pero son inalcanzables para las personas que los necesitan.
ENFERMEDADES DE POBRES
Tanto el VIH como la tuberculosis, que el Gobierno indio se ha propuesto erradicar antes de 2025, vienen unidos a un importante estigma. “Todas las representaciones de la tuberculosis durante años han sido de personas enfermas, desnutridas y pobres”, explicó Tonsing, antes de precisar, por si acaso, que “por supuesto, es un mito”. El coronavirus es diferente. El primer ministro británico, Boris Johnson, y un repartidor de pizza de Nueva Delhi -que tras dar positivo obligó a las autoridades a poner en cuarentena a decenas de familias que habían pedido comida- están igual de expuestos. “Si los poderosos y los responsables políticos sienten (…) que la tuberculosis no pude afectarlos, nunca vamos a ver el mismo nivel de atención”, zanjó la responsable de The Union. David Asta Alares

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