Beirut.- Los manifestantes volvieron a salir a las calles del Líbano, pero esta vez en coches para cumplir con las medidas de distanciamiento social, por la reanudación de la actividad parlamentaria tras un mes de parálisis para aprobar unas leyes controvertidas que han reanimado el espíritu de la revolución que se apagó por la pandemia de COVID-19.

Este martes ha sido el día elegido para que los diputados volvieran al trabajo presencial al Parlamento, cuyas sesiones se han trasladado al teatro del Palacio de la Unesco en el centro de Beirut, de mayor capacidad para respetar las medidas sanitarias de distanciamiento.

Con mascarillas, los políticos se han sentado para discutir y votar durante tres días la aprobación de diferentes leyes, una de ellas la controvertida ley de amnistía con la que se podría perdonar a una serie de políticos acusados de corrupción.

LA REVOLUCIÓN CONTINÚA

Hoy, una marcha de manifestantes en coches que izaban la bandera libanesa ha llegado hasta los alrededores del edificio coreando eslóganes y gritando que la “revolución continúa”.

Asimismo, otra decena de manifestantes se reunieron con las banderas en la plaza de los Mártires, donde dos personas se han dedicado a vender mascarillas hechas con la bandera bicolor libanesa.

Ali Haidar, uno de los participantes, aseguró a Efe de que esta marcha ha sido organizada entre los propios manifestantes a través de los diferentes grupos en redes sociales activos desde el inicio de las protestas, ya que no hubo líderes elegidos para representar a los manifestantes.

“Si dejamos de protestar en las calles, no significa que nuestra revolución se terminara”, aseveró.

Añadió que han asumido la responsabilidad de salir, aunque lo han hecho en el interior de los coches, como alternativa para respetar las medidas de seguridad sanitaria por el coronavirus.

El pasado 17 de octubre, los libaneses salieron a las calles para protestar por la corrupción de la clase dirigente que ha llevado al país a la bancarrota, lo que provocó que doce días después dimitiera el histórico líder Saad Hariri.

El Líbano vive una de sus peores crisis económicas en décadas y ha anunciado el primer impago en su historia de deuda externa, una de las más altas del mundo en relación con el PIB del país.

“El Gobierno nos dio dos opciones: morir de coronavirus o de hambre”, zanja Haidar.

EL COVID-19 LES DA UN RESPIRO

El Gobierno libanés anunció este martes que no ha registrado ningún caso de COVID-19 en las últimas 24 horas por primera vez en dos meses, tras días en los que no han superado los cincos casos diarios, sumando un total de 677 infectados acumulados en un país de 6 millones de personas.

Si bien es cierto que los test de diagnóstico que se realizaron ayer fueron menos de 500, al ser día festivo, una cifra que contrasta las de la semana pasada, en la que se realizaron 1.000 al día.

Desde finales de febrero, el Gobierno libanés cerró la instituciones educativas y desde el 15 de marzo decretó el estado de alarma, con el cierre de fronteras y un toque de queda que se ha ido relajando en los últimos días por la reducción de los casos.

Además, cerró prácticamente todos los negocios, por lo que obligó a los propietarios a echar el cierre.

El Líbano es uno de los países de la región de Oriente Medio que mejor ha gestionado la crisis del coronavirus, con hasta el momento 21 muertos y 103 recuperados.

El 21 de febrero, registró su primer caso de una viajera procedente de Irán, uno de los países más afectados por la pandemia en el mundo.

Firas Abiad, el director ejecutivo del Hospital Rafic Hariri, el centro médico estatal y el primero acreditado para ingresar a los pacientes con COVID-19, aseguró hoy a Efe de que el hecho de cerrar “pronto” el país supuso “una rápida disminución de los casos de infectados por coronavirus”.

Indicó que estas rápidas medidas motivaron que el hospital se pudiera preparar y evitar un colapso en un Estado que también vive una grave crisis económica, que ha afectado al sistema sanitario del país mediterráneo.

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