Nueva Delhi.- La imparable expansión del coronavirus en todo el mundo no tenía connotación religiosa alguna hasta que llegó a la India, donde las tensiones comunitarias entre la mayoría hindú y la minoría musulmana volvieron a estallar después de que se multiplicaran los contagios tras un evento islámico.

Esa multitudinaria congregación internacional a mediados de marzo en una mezquita de Nueva Delhi, con algunos participantes infectados de COVID-19 provocó, según las autoridades, un ascenso en la curva de contagios que dobló los casos en solo cuatro días.

“La congregación del grupo musulmán ha tenido un impacto negativo significativo en todos los esfuerzos de contención del gobierno en todo el país. La curva habría sido mucho menor si no hubiera sido por esta reunión”, reconocía en declaraciones a la prensa Vikas Swarup, secretario del Ministerio de Relaciones Exteriores indio.

Swarup calificó de “irresponsable” el evento, pero quiso alejarse de cualquier connotación religiosa, algo que no evitaron cientos de miles de compatriotas en un país con más de 10.000 infectados por coronavirus y que se acerca a las 400 muertes.

TSUNAMI ANTIMUSULMAN

Los mensajes islamófobos de audio, texto y vídeo y las etiquetas antimusulmanas se viralizaron en internet, lo que desencadenó un tsunami de comentarios en las redes sociales en los que se acusa a los musulmanes de librar el ?CoronaJihad o la ?BioJihad contra este país de 1.300 millones de habitantes de mayoría hindú.

Algunos de estos mensajes incluso llamaron a la marginación de los casi 200 millones de musulmanes de la India por ser “súper propagadores” del virus, de manera “deliberada”, para desestabilizar la democracia más grande del mundo y el crecimiento de su economía.

El jefe de la Comisión de Minorías de Delhi, Zafarul Islam Khan, dijo a Efe que culpar a los musulmanes por el brote de coronavirus es parte del “destierro sistemático” que ha sido más o menos institucionalizado por el gobierno nacionalista hindú del primer ministro, Narendra Modi.

“Hay ciertas fuerzas Hindutva -ideología que anhela una India para los hindúes con las minorías supeditadas a ellos- que ven todo desde un contexto musulmán. Culpan a los musulmanes por cualquier problema que enfrenta este país”, dijo Khan.

El evento, celebrado el 13 de marzo en el área capitalina de Nizamuddin por el movimiento misionero islámico Tablighi Jamaat, ocurrió tres días antes de que el gobierno de Delhi prohibiera las asambleas de más de 50 personas.

Pero eso no impidió que algunos canales de televisión nacionales, conocidos por su ferviente tono nacionalista, emitieran en horario de máxima audiencia programas bajo las etiquetas “CoronaJihad” y “Nizamuddinidiots”.

O que circularan en línea innumerables imágenes que acusaban a los musulmanes de transportar y propagar el virus en la India, como una que muestra al presidente chino, Xi Jinping, como productor del virus, al jefe de Tablighi Jamaat como su distribuidor, y a los musulmanes como repartidores minoristas.

“No hubo conspiración. No lo hicieron intencionalmente. (Pero) los medios de comunicación ayudaron a difundir la narrativa antimusulmana en todo el país. La gente en algunos barrios ha excluido a los musulmanes, los vendedores musulmanes se enfrentan a boicots económicos”, aseguró Khan.

Con ello se refirió a la difusión de mensajes de texto y vídeos a través de WhatsApp pidiendo a los hindúes que dejen de comprar a los musulmanes porque venden productos infectados.

Otras imágenes muestran a un grupo de hombres respirando con dificultad mientras una voz detrás de la grabación afirma que son musulmanes y están propagando el virus entre los hindúes, o un clip que muestra a un hombre con vestimenta islámica escupiendo a un policía, una grabación que luego se demostró que era antigua.

UN ODIO DE GENERACIONES

La tensión entre hindúes y musulmanes vivió su máxima expresión con la independencia del Imperio Británico y partición del subcontinente indio en 1947, desencadenando matanzas sistemáticas de miembros de las dos comunidades en su éxodo a la India o Pakistán.

Cada cierto tiempo esos choques y tensión comunitaria se han ido reeditando en mayor o menor medida en el gigante asiático, algunos recientes, como los ocurridos en febrero en Nueva Delhi, que dejaron más de 40 muertos, en su mayoría musulmanes, y que surgieron a raíz de una nueva ley de ciudadanía que excluye a los devotos del islam.

En este contexto, Human Rights Watch denunciaba en un reciente informe que las “políticas discriminatorias” del gubernamental partido nacionalista hindú Bharatiya Janata (BJP) estaban estimulando la violencia contra la minoría musulmana en el país.

El gobierno, sin embargo, ha negado en todo momento que haya habido una ola de violencia contra los musulmanes.

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