Madrid,- Carteles que invitan a marcharse de la vivienda, manchas de lejía en la puerta, un coche pintado con la leyenda: “Rata contagiosa”.

Además de matar, a veces el coronavirus convierte la empatía en una cuestión de distancia: la que va de la ventana de los aplausos de cada tarde a las zonas comunes compartidas con el vecino expuesto a la enfermedad por su trabajo.

Hablan los ejemplos: El médico Jesús y la cajera Miriam, señalados en carteles del bloque de pisos donde residen. Leo, enfermero, a quien recomiendan un hotel para descansar las horas fuera del hospital.

También el caso de la ginecóloga Silvana, sorprendida al encontrar en el garaje de su bloque de viviendas su vehículo transformado en un mural de insultos. O José Antonio, carnicero, destinatario de un sobre anónimo.

“Hola, vecino. Sabemos de tu buena labor en el hospital y se agradece, pero debes pensar también en tus vecinos. Aquí hay niños y ancianos. Hay lugares (?) donde están alojando a profesionales. Mientras esto dure, te pido que lo pienses”.

Este mensaje lo recibió Jesús, médico de familia en un hospital de la provincia de Ciudad Real (centro), donde hay más de 200 personas con coronavirus y su madre dio la voz de alarma en su perfil de Facebook.

LA POLICÍA INVESTIGARÁ DELITOS DE ODIO

La Policía española anunció ayer que investigará como delitos de odio estos episodios de acoso a los profesionales expuestos al coronavirus, que se producen mientras cada tarde a las 20.00 hora local la gente sale a sus ventanas y balcones a aplaudir en homenaje a esas mismas personas, especialmente los sanitarios.

Jesús aseguró a Efe que sintió tristeza después de un mes dejándose “el lomo en el hospital”, no sin antes aplaudir el comportamiento “genial y ejemplar” de la mayoría de la ciudadanía, a la que agradece el apoyo desde el inicio de la pandemia.

Después de saberse el caso el cartel que le invitaba a marcharse fue reemplazado por uno que destacaba: “Aquí vive un héroe”.

Miriam, una cajera en Cartagena (este) recibió este mensaje: “Somos tus vecinos y queremos pedirte por el bien de todos que te busques otra vivienda mientras dura esto, ya que hemos visto que trabajas en un supermercado y aquí vivimos muchas personas. No queremos más riesgo”.

Su hijo, de 10 años, recogió el mensaje que dejaron en el descansillo de la escalera de su piso y la inocencia de la edad lo llevó a creer que pedían a su madre buscar una casa nueva porque trabajaba en un supermercado. Cuando descubrió la verdad, el pequeño rompió a llorar.

Ella supo descifrar el mensaje y respondió al anónimo con una nota, firmada, que pegó al lado de la original en el recibidor del edificio.

“A los valientes que dejan notas anónimas os diré varias cosas: ‘Sí trabajo en un supermercado, con lo cual gracias a nosotros vosotros coméis cada día'”.

Y reclamaba “empatía” en lugar de “tanto aplauso” durante la ovación de las ocho de la tarde para las personas obligadas a trabajar fuera de casa, en referencia a los aplauso que cada tarde se oyen en los balcones de toda España en agradecimiento a estas personas.

“Estamos ayudando a muchas personas aun poniéndonos nosotros en riesgo. Me parece cobarde, no hay derecho”, declaró Míriam a Efe.

“RATA CONTAGIOSA” A UNA MÉDICA

En Barcelona, la ginecóloga Silvana entró en el garaje para tomar su auto rumbo a una nueva jornada de trabajo como ginecóloga, pero en el lateral de la puerta del conductor habían pintado “Rata contagiosa” con espray negro sobre la carrocería blanca.

Antes de asistir a una mujer en su parto, la doctora denunció los hechos a la Policía.

José Antonio trabaja en la carnicería de un hipermercado de la provincia de La Coruña (noroeste) y cuando vio un sobre a la puerta de su casa, pensó que sería por el bullicio armado por su hijo, de dos años, pero se equivocaba.

Era una nota en mayúsculas, sin firma, en la que se le pedía que buscara otro lugar, porque su trabajo suponía un peligro para la comunidad.

A su mujer, embarazada de cinco meses, le entró un ataque de pánico. Hablaron con todos los residentes y encontraron apoyo y aliento en ellos. “No saben qué ha pasado ni quién ha podido dejar el sobre”, dijo a Efe.

En Madrid, Leo, enfermero con dos décadas de experiencia en centros de salud, dio positivo en coronavirus, comenzó el aislamiento en casa y un vecino se interesó por su salud, relató a una cadena radiofónica.

En la visita de unos amigos, que se prestaron voluntarios para hacerle la compra, se percató de unas manchas de lejía en la puerta de la vivienda, luego reconocidas por ese vecino, que se comprometió a dejar la tarea a la encargada de la limpieza.

El Consejo General de la Enfermería puso a disposición de sus miembros su asesoría jurídica en caso de que las quejas contra los profesionales sean “susceptibles de denuncia” judicial, afirmó a Efe José Luis Cobos, vicesecretario general, quien tachó las amenazas de “minoritarias” pero “muy reprobables”.

Yimel Rivera

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