Montevideo.- Uruguay completa este lunes su primer mes de emergencia sanitaria por la COVID-19. Sin embargo, la característica tranquilidad uruguaya, la responsabilidad de su población y las medidas de contención permiten que, de momento, no se encuentre en el caos que se observa en otras partes del mundo.

El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, que llevaba menos de dos semanas en ejercicio, dio a conocer el 13 de marzo los cuatro primeros casos del nuevo coronavirus y ese día declaró emergencia sanitaria: suspendió todas las actividades públicas y las clases presenciales y exhortó a la gente a que se quedara en casa.

Este lunes, recién concluida una atípica Semana de Turismo (Semana Santa), algunas actividades, como la construcción, que contará con importantes medidas de seguridad, retoman la actividad.

Según el último balance ofrecido este domingo, Uruguay cuenta con 512 casos positivos de los 8.774 test hechos, ocho fallecidos y 231 personas recuperadas.

UN CONTAGIO DE PELÍCULA

La llegada de la COVID-19 a Uruguay fue un caso bastante particular. Aunque no se sabe con certeza si fue la primera afectada, sin duda fue la más famosa: Carmela Hontou, una empresaria uruguaya que viajó a Italia y a España y cuando retornó al país, a pesar de presentar algunos síntomas, asistió a un casamiento.

Su arriesgada decisión contagió a decenas de personas y, según las estimaciones de las autoridades, gran parte de las personas que dieron positivo en el país tuvieron algún tipo de relación con la gente que asistió a esta fiesta.

A partir de esta particularidad, en Uruguay la mayoría de contagiados registrados pertenecen a los barrios de mayor poder adquisitivo de Montevideo.

AISLAMIENTO VOLUNTARIO

En los países más afectados por esta crisis, como China en un principio o España e Italia después, se decretó la cuarentena obligatoria; sin embargo, Uruguay optó por un camino diferente.

Bien por no frenar en seco la actividad económica, bien por encontrarse aún en cifras escasas, el Gobierno optó por la “exhortación”, una de las palabras más mencionadas por las autoridades locales en cada conferencia.

El Ejecutivo apostó a la buena voluntad de su población. Y le salió bien la apuesta, incluso a pesar de que la costumbre en la semana recién concluida era la de viajar a otros rincones del país, especialmente las playas del este. Buena parte de la población optó por refugiarse en casa y no hacer turismo en esta ocasión.

Las autoridades, por su parte, ‘invitaron’ a no moverse instalando patrullas policiales en las carreteras, vallando playas y monumentos turísticos para impedir el acceso y de nuevo “exhortando” a ello desde un helicóptero que sobrevuela freemente Montevideo.

FRONTERAS CERRADAS PERO SOLIDARIAS

Desde mediados de marzo Uruguay tiene sus fronteras cerradas con la única excepción para la población que vive en ciudades fronterizas con Brasil.

Sin embargo, esta medida no evita que Uruguay haga esfuerzos para traer a sus compatriotas varados en el exterior y para colaborar en la repatriación de extranjeros a sus países de origen.

Unos 2 000 uruguayos retornaron por medio de vuelos humanitarios coordinados por la Cancillería, al tiempo que unos 1 000 foráneos han regresado a sus países con idéntica mediación.

Uno de los hechos más destacados fue la evacuación de 112 cruceristas australianos y neozelandeses, pasajeros del buque Greg Mortimer, en el que buena parte de sus ocupantes estaban afectados por COVID-19, y que fueron repatriados en la madrugada de este sábado en un vuelo hacia Melburne.

SISTEMA DE SALUD ESTABLE

La COVID-19 saturó los sistemas de salud en varias partes del mundo. Pese a esta preocupación las autoridades sanitarias de Uruguay aseguran que el sistema está preparado y no corre riesgo de colapsar.

Uruguay cuenta con unas 900 camas de CTI (cuidados intensivos) y, según dijo Lacalle Pou en conferencia, para colmar la capacidad de atención sanitaria el país tendría que llegar a unos 8.700 casos.

El Ministerio de Salud Pública (MSP) adecuó el Hospital Español para que funcione como el centro de referencia para tratar los casos positivos de COVID-19.

LA ECONOMÍA, UNA DE LAS INCERTIDUMBRES

El día después es una incógnita. El Gobierno ha tomado medidas para intentar paliar una posible crisis económica cuando se termine la emergencia sanitaria.

Se brindaron facilidades para el envío a seguro de paro de los trabajadores, para evitar despidos y también se aplazó el pago de contribuciones para pequeñas y medianas empresas.

Los trabajadores públicos y privados mayores de 65 años -que integran la población de riesgo- están siendo subsidiados por el gobierno para que puedan quedarse en sus casas.

Para las personas en situación de calle mayores de 65 años, que según las estimaciones son cerca de 300, el Ministerio de Desarrollo Social dispuso una serie de refugios temporales para que se alojen allí las 24 horas.

Lacalle decretó además la rebaja de 20 % de los salarios para cargos públicos (entre los que se incluye su ingreso mensual y el de los ministros) y de 10 % para los empleados públicos que ganen por encima de los 80 000 pesos en mano (unos 1 800 dólares) por un periodo de dos meses.

Si bien solo ha pasado un mes desde la publicación de los primeros casos, Uruguay parece estar logrando generar una meseta en la curva de contagios y reflejar la estabilidad que tiene este país en su vida cotidiana en el combate contra la pandemia.

No obstante, el miedo ante la llegada del frío y las posibles afecciones respiratorias propias del otoño y del invierno hacen que las autoridades insistan en la necesidad de la prevención.

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