SEVERO RIVERA
Santo Domingo. No era necesario armar un lío para relevar de su puesto a la señora Catana Pérez de Cuello de la Dirección General y Artística del Teatro Nacional para dejar en el cargo a NIní Cáffaro, un artista que también mantiene relaciones excelentes con Catana.
El Ministerio de Cultura que dirige José Rafael Lantigua no manejó bien eso. La imagen que intentaron mostrar a la opinión pública era la de que algo grande había sucedido entre la saliente funcionaria y  Lantigua. Todo indica que la responsabilidad con la que Catana Pérez denunció el estado deplorable de las instalaciones del Teatro Nacional no gustó al Ministro. Eso comenzó a resquebrajar una relación personal que trajo consigo otras cosas.
La sustitución de un funcionario público no debe ser traumática. Por más situaciones que se puedan producir, la diplomacia debe imponerse. Los cargo públicos son eso, cargos públicos. De los que nadie está seguro pues dependen de una decisión política y punto. Catana Pérez de Cuello no merecía ese trato. Es una dama que ha hecho aportes a la cultura nacional y contribuido con el fomento de nueva audiencia para la música clásica. ¿Por qué excluyeron a Catana del acto de la toma de posesión de Niní Cáffaro?
Niní Cáffaro, el nuevo director deberá estar haciendo su inventario y trazar su línea estratégica para el próximo año. Ojalá que cuente con el apoyo necesario para poder desarrollar una labor positiva en el Teatro Nacional.

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