(Cuaderno de bitácora del Arca de Noé es una serie especial de EFE coordinada y editada por Olivia Alonso, con el testimonio diario en primera persona de un médico voluntario en el hospital de campaña de Ifema, en Madrid).

Madrid.- Toca fin de semana de descanso después de completar dos semanas de trabajo en el Arca de Noé. En los últimos días y ante la desproporción que había entre los médicos desplazados a este hospital de campaña y el número de enfermos a atender, me preguntaron, como a otros muchos, si quería dejar el recinto y volver a mi puesto de trabajo, a lo que contesté que no.

Aquí me siento muy útil ayudando en una emergencia sanitaria como esta, que nunca pensé que iba a vivir. En estos días de trabajo hemos conseguido tener a todo el mundo estabilizado y, por suerte, no hemos tenido ningún tipo de disgusto.

Además, es una gran satisfacción darles el alta, decirles que se van a casa y que la gente salga tan contenta y tan agradecida. No paran de felicitarnos y alabar el trato que reciben.

En esta situación, también influye que, dentro del desconcierto y el miedo que genera esta enfermedad por ser un virus desconocido, el llegar a Ifema les da una relativa tranquilidad porque muchos ya saben que supone tener un pie fuera del hospital. Que de aquí ya se van a casa.

Aceptan encantados que les digas que, aunque están bastante bien, se tienen que quedar un poco más. Te dicen que sí, que lo que tú digas. A pesar de las ganas que tienen de volver a sus casas, prefieren ser prudentes.

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Esta última semana hemos dado muchas altas, lo que también es muy estimulante para nosotros. Pero nos seguimos encontrando con el problema que genera el cuello de botella de las altas pendientes a la espera de obtener plaza en hoteles para los enfermos. Un protocolo que se sigue en el caso de los pacientes que no tienen condiciones en sus domicilios para mantener el aislamiento de 14 días que han de hacer.

Más o menos se tarda una media de tres días en que te concedan una plaza en uno de los hoteles que en Madrid prestan sus habitaciones para acoger a estos enfermos y a personal sanitario.

Ayer me pidió una enfermera que fuera a ver a una mujer que había sido dada de alta el jueves, que aún seguía en Ifema esperando un hotel y que decía que se iba. Me acerqué a hablar con ella para preguntarle por las condiciones de su domicilio.

Me dijo que tenía dos habitaciones: en una de ellas estaba su marido, que necesitaba oxígeno (por una patología suya propia), y la otra la ocupaba su hija, con sus cuatro hijos.

Me aseguraba que iba a dormir en el comedor y estuve un rato haciéndole ver que su casa no reunía condiciones para que se fuera en su estado y que no le quedaba otra que seguir esperando una habitación en un hotel. Volvimos a llamar al teléfono del alta a domicilio y no se qué habrá pasado. Espero que no siga allí este lunes.

El viernes había dos pacientes con alta pendientes de ir a hotel en mi control del pabellón 9. Es un problema de difícil solución mientras no se habiliten más espacios para acoger a estas personas.

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