Santo Domingo- El Partido Revolucionario Dominicano (PRD), principal fuerza opositora y una vez conocido como la “esperanza nacional”, parece ir hacia una nueva escisión, a juzgar por las posturas inflexibles que enfrentan a sus principales dirigentes.

Las diferencias entre el exgobernante Hipólito Mejía y el presidente del PRD, Miguel Vargas, surgidas cuando el primero obtuvo, a costa del segundo, la nominación presidencial para los comicios de 2012, han tomado el camino definitivo de la división, si se validan las lecturas de recientes acontecimientos en torno a estos dos exaliados y por demás parientes.

Mejía, respaldado por quien fuera su compañero de boleta Luis Abinader y otros dirigentes, decidió recientemente engrosar el nuevo movimiento “Convergencia por un Mejor País”, en el que comparten escenario con grupos minoritarios populares y de izquierda, y que está supuesto a servir como palanca opositora al oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en el poder desde 2004.

Esta jugada causó la reacción de Vargas, quien amenazó con someter a juicio disciplinario a quienes hagan causa común con otras formaciones a espaldas de la cúpula del PRD, lo que podría traducirse como una amenaza velada de expulsión, tal y como le sucedió al propio Mejía en enero del año pasado.

Hasta ahora, este exmandatario, de 73 años recién cumplidos, no ha podido revertir en los tribunales ordinarios y electorales su forzosa separación del partido, aunque ésto no ha sido óbice para mantener su figura política atada al PRD.

La lucha por el control del principal partido opositor dominicano, sin embargo, ha causado cierto desgaste entre las huestes de Mejía, pues algunos de sus hasta hace poco más fieles seguidores han decidido permanecer en el PRD y “echar el pleito” adentro como afirmó el exconsultor jurídico Guido Gómez Mazara, quien aspira a sustituir a Vargas por medio de elecciones internas.

El mismo Abinader, que en algunas encuestas ha tenido mayor favoritismo que Mejía, decidió no participar de la actual convención partidaria que elegirá nuevas autoridades, pero sí lo hará al momento de celebrarse las primarias para escoger el candidato presidencial para los comicios generales de 2016, donde enfrentaría a Vargas.

La facción de Mejía acusa a Vargas de “secuestrar” al PRD y de actuar en connivencia con el expresidente dominicano Leonel Fernández, a quien señala como el “cerebro” que pretende “destruir” el partido opositor.

Como supuesta prueba de esas afirmaciones, el grupo de Mejía reveló en enero pasado que Vargas recibió un préstamo de 15 millones de dólares del estatal Banco de Reservas, en diciembre de 2011, cuando Fernández era aún el presidente del país.

Vargas, un acaudalado constructor e inversionista, quien fuera secretario (ministro) de Obras Públicas durante el Gobierno de Mejía (2000-2004), admitió la operación, pero defendió el procedimiento para obtenerlo, seriamente cuestionado por sus rivales.

Las cada vez más inflexibles posiciones de ambos bandos han hecho fracasar una y otra vez mediaciones de organismos como la Iglesia católica y de personalidades públicas locales, que al parecer han “tirado la toalla” ante la radicalización del discurso.

Esta formación política de orientación socialdemócrata, fundada en 1939 en La Habana, Cuba, para luchar contra la tiranía de Rafael Trujillo (1930-1961), fue la responsable del primer ensayo democrático dominicano tras la caída de ese oprobioso régimen, cuando llevó al poder en 1963 a uno de sus fundadores, el expresidente Juan Bosch.

A partir de ese momento, y aunque el Gobierno de Bosch fue derrocado por militares apenas siete meses después de estrenarse, el PRD se afincó como el mayor partido de masas del país gracias al carisma de su líder, que aprovechó su largo exilio para cultivar una sólida educación política, paralela a su rol de escritor.

Bosch, precisamente, abandonó su partido en 1973 luego de diferencias irreconciliables con otros dirigentes, entre ellos José Francisco Peña Gómez, quien se convirtió en líder máximo del PRD y en tres ocasiones candidato a la Presidencia.

A esa división, de la que surgió el PLD, fundado por Bosch, siguieron la de 1989 que enfrentó a Peña Gómez y al excandidato presidencial Jacobo Majluta, que montó tienda aparte con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), y la de 2005, cuando el expresidente del PRD, Hatuey De Camps, fundó el Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD), luego de oponerse tenazmente al intento de reelección de Mejía.

Ese historial divisionista parece a punto de escribir una nueva página, pues Mejía y Abinader dieron a conocer recientemente una encuesta entre miembros del PRD, quienes se expresaron mayoritariamente a favor de la creación del Partido Revolucionario Peñagomista, para zanjar definitivamente sus enfrentamientos con Vargas.

Todo este panorama hace predecir, como lo han hecho varios analistas locales, que el nuevo cisma del Partido Revolucionario Dominicano, cuyo símbolo es un leño encendido, es solo cuestión de tiempo. EFE

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí