Alicia G.Arribas.

Madrid,  (EFE).- Tim Roth, “chico Tarantino” desde “Reservoir Dogs” (1992), estrena este viernes en España “La canción de los nombres olvidados”, último poema del director François Girard en su declaración de amor a la música, que abarca 35 años de la vida de dos hermanos, uno de ellos, un judío virtuoso del violín.

Contada a través de continuos saltos temporales y alternando tres actores de diversas edades para cada uno de los personajes principales, “La canción de los nombres olvidados” está basada en la novela “The Song of Names” del escritor y crítico de música clásica Norman Lebrecht y recorre una vida entera rota por el dolor del holocausto nazi.

Roth es el hermano adulto que, 35 años después de su desaparición, busca a su hermanastro polaco, un niño prodigio y músico excepcional que fue adoptado por su padre en 1941 cuando ambos tenían apenas diez años y que se desvaneció sin dejar rastro horas antes de dar su primer concierto solista en 1951.

“No sabía nada del libro, me mandaron un primer guion, que luego se cambió bastante para que llegara al gran público, y entonces me sumé yo”, explica el actor británico en una entrevista con Efe realizada en el marco del Festival de Cine de San Sebastián donde la cinta clausuró el certamen.

El director es el responsable, entre otras, de películas como “Sinfonía en soledad: un retrato de Glenn Gould” o “El violín rojo” (1998), un periplo por trescientos años de dueños del mismo instrumento, con la que John Corigliano, autor de la banda sonora, ganó un Óscar.

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Roth entiende que, como no podía ser de otro modo en Girard, “la música es un personaje que juega un papel crucial en la historia”. Pero él se declara “sólo melómano de andar por casa”.

“Una vez tuve que interpretar a un pianista, pero no sé tocar el piano de verdad, vamos, ni el piano ni nada -sonríe-, pero aprecio la música”, se apresura a confesar.

Con el holocausto como trasfondo, la cinta es la búsqueda de ese hermano desaparecido que deja una herida profunda en Martin (Roth), quien muchos años después, en 1986 y por una casualidad del destino, cree reconocer a su hermanastro Dovidl Rapoport en el modo de prepararse para tocar de una aspirante cuando preside un tribunal musical en Inglaterra.

Esa convicción hace que se decida a averiguar qué le sucedió a Dovidl (de adulto, un orondo Clive Owen) y emprende un crudo viaje que lo lleva a Varsovia y Nueva York. Y así, a base de ‘flashbacks’, se va revelando cómo la familia polaca de Dovidl le envía a Inglaterra para salvarle de la barbarie nazis, aunque él no lo sabe.

Martin, explica Roth, “es un personaje con una infancia difícil, perturbada , porque es este otro niño viene a quedarse en su casa. A ello se suma su sentimiento de abandono cuando el hermano se desvanece en la nada y luego, claro, el tipo de vida que lleva de adulto: normal, sin estridencias, hasta que de repente hay ese destello cuando intuye a su hermano”.

“Entonces, empieza una persecución”, explica el actor británico. “Supongo que es un hombre tenaz, pero más que un impulso, creo que lo que le mueve es la pérdida, la tristeza y el amor, las tres cosas a la vez”.

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Roth aclara que no es especialmente religioso aunque en su vida ha tratado con muchas personas que sí lo eran. Supo del Holocausto a través de su padre, “un niño americano que se fue a Inglaterra” y que le hablaba “de la persecución de los judíos en la guerra”.

“Él sí fue testigo de lo que sufrieron en Europa, pero nosotros salimos una familia más política que religiosa. En mi opinión, mientras que la gente no sufra daños por la religión, allá cada uno”, afirma remarcando el comentario con los ojos y con las manos.

Porque Dovidl experimenta un potente viaje, primero, de renuncia a la religión, para luego “abrazarla fanáticamente”. Una radicalización que Roth entiende que sólo es la opción personal de este personaje, una vez descubre lo que le había pasado a su familia, “un viaje único”.

Roth, que logró una nominación al Óscar por “Rob Roy (la pasión de un rebelde)” (1995), es un hombre amable que derrocha sentido del humor.

Hace 20 años dirigió una película, “La zona oscura” (1999), que tuvo críticas estupendas. Pero “los hijos, pagar sus universidades y evitarles deudas con el banco” le alejó de ese camino que “quizá” -asegura a Efe- “ahora que los niños son mayores” retome. “Estoy leyendo guiones”, concluye con un guiño.

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