La amenaza del coronavirus ya se ha convertido en un tema político en la campaña presidencial de Estados Unidos, con los demócratas que cuestionan la credibilidad y competencia del presidente Donald Trump al responder a una emergencia pública que también ha afectado a la economía del país.

Además, hay preocupaciones de que la expansión del virus pueda trastornar el propio proceso electoral, al restringirse las aglomeraciones públicas en actos de campaña, convenciones políticas y lugares de votación. El apretón de manos político tradicional y los besos a los bebitos podrían convertirse en una cosa del pasado.

El brote de coronavirus en Estados Unidos se ha propagado a más de 16 estados y el número de infectados sigue creciendo. Globalmente, se han reportado más de 96.000 infecciones y más de 3.000 muertes, la gran mayoría en China, donde el virus apareció a finales de enero.

Giros del presidente

Trump dijo esta semana que desde el inicio del brote, su “administración ha tomado las acciones más agresivas en la historia para proteger” a los estadounidenses.

Sin embargo, su reciente cambio a modo de administración de crisis queda debilitado, según los críticos, por sus anteriores declaraciones sobre la seriedad de esa amenaza de salud pública.

“Tiene algo así como un problema de credibilidad. Ha dicho algunas cosas inciertas mayores o menores”, dice Lara Brown, directora de la Escuela Superior de Administración Política de la Universidad George Washington.

Durante una conferencia de la Fuerza de Choque para el Coronavirus en febrero, el presidente descartó las advertencias de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, CDC, de que la propagación del virus era “inevitable”. En su lugar, teorizó que el número de casos “en un par de días” se reducirían a “casi cero”.

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En un evento de campaña en Carolina del Sur, Trump se refirió a las críticas del Partido Demócrata a la respuesta de su administración al coronavirus como “su nuevo fraude” y acusó a sus rivales de propagar el temor al virus para ganancias políticas. También dijo que los medios de prensa estaban en una “modalidad de histeria” en su cobertura sobre el coronavirus.

Calmando temores

La confianza pública en la presidencia de Trump pudiera depender de hasta qué punto su administración es capaz de calmar los temores al coronavirus.

La administración Trump ha tratado de confortar al público con conferencias diarias de la fuerza especial dirigida por el vicepresidente Mike Pence, y que incluye a los expertos Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas; Deborah Birx, la directora global para el sida del Departamento de Estado, y Robert R. Redfield, director de los CDC.

Los esfuerzos a nivel nacional para contener y mitigar al nuevo virus incluyen restringir los viajes al exterior, iniciar la vigilancia en los aeropuertos y fronteras, y aumentar los fondos y la educación pública para reducir el riesgo de infección.

El Departamento de Salud y Recursos Humanos dijo el miércoles que estaba asignando 35 millones de dólares a 28 estados y localidades para ayudar a sus departamentos de salud pública a responder a la epidemia.

El Senado redondeó el jueves un proyecto de gastos de emergencia de 8.300 millones de dólares para combatir el coronavirus. La medida había sido aprobada abrumadoramente por la Cámara de Representantes a principios de la semana y se espera que Trump la convierta en ley.

El proyecto, mucho mayor que lo que solicitó originalmente la administración, aumentará significativamente el financiamiento para la investigación y desarrollo de una vacuna, asignará fondos a las agencias estatales y locales de salud pública, y para suministros médicos y entrenamiento de trabajadores del sector de la salud.

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Vulnerabilidad económica

No obstante, las recientes pérdidas de la bolsa de valores, los trastornos a la cadena global de suministros provocada por el brote en China y las masivas cancelaciones de viajes han socavado el tema clave de la campaña de Trump: un robusto crecimiento económico bajo su presidencia.

“El coronavirus echa a perder realmente todo ese panorama, y eso lesiona seriamente su campaña”, dice el historiador Thomas Schwartz, de la Universidad de Vanderbilt.

La epidemia ha obligado globalmente a cierres de fábricas, ha reducido a los clientes en los restaurantes, teatros y eventos deportivos, e incrementado el número de vuelos cancelados. El sector del turismo acumula alrededor de un 10% del empleo mundial, unos 319 millones de empleos, y podría quedar seriamente impactado por la crisis de salud.

La Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo dijo esta semana que el crecimiento global quedará reducido a la mitad, un 1.5% en 2020, si el virus se sigue propagando.

La Reserva Federal recortó el martes su tasa de interés en medio punto porcentual para tratar de calmar a los mercados financieros, que sufrieron su peor semana desde la crisis de 2008.

Opciones de los demócratas

Los dos contendientes para la nominación del Partido Demócrata, el exvicepresidente Joe Biden y el senador Bernie Sanders, podrían beneficiarse políticamente de esta crisis si la respuesta de Trump es percibida por el público como inadecuada.

En 2005, la percepción de que el presidente George W. Bush no estuvo totalmente involucrado en la respuesta a los estragos del huracán Katrina, uno de los peores desastres naturales de la historia de Estados Unidos, hizo caer su índice de aprobación.

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Para Sanders, quien se describe como un socialista democrático, la emergencia médica nacional añade una justificación de seguridad pública al punto clave de su campaña: atención médica gratuita para todos.

Sin embargo, la preferencia pública de un liderazgo experimentado en tiempos de crisis podría explicar el súbito aumento del apoyo a Biden en las recientes primarias.

“Creo que en un momento de incertidumbre y contingencia en crisis, el público buscará la opción más segura, y esa es Joe Biden en las primarias demócratas”, opinó Matthew Continetti, un analista político del American Enterprise Institute.

Al mismo tiempo, los candidatos demócratas podrían chocar con una reacción adversa de la opinión pública si consideran que “están politizando una crisis de salud pública”, dijo Continetti.

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