Pilar Martín.

Madrid, (EFE).- El drama de Patricia comienza el 4 de marzo de 2015, el día en el que ella, su hijo y sus dos gatas fueron desalojados de manera “cruel” del número 89 de la calle Toledo de Madrid. Una experiencia que ha volcado en “El desalojo”, un cómic autobiográfico de desgarradora belleza.

En la voz de Patricia Feirrer, o Mona, como firma este libro publicado por Inventa Editores, hay mucho dolor y algo de esperanza. Lo primero porque ante la “imposibilidad” de conseguir una vivienda la Comunidad de Madrid tutela a su hijo de 15 años; y lo segundo porque, dice a Efe, “duda” de que los “responsables de este Estado” vayan a atender las urgencias de los “nadies”.

Por eso, con esta obra que nació en un taller de Aletheia -un proyecto de la Universidad Complutense que contribuye a paliar los efectos del trauma a través de procesos creadores- Feirrer quiere que los “responsables culpables” de este Estado “lean y vivan” este libro y que “derramen alguna lágrima” tal y como lo ha hecho ella o su profesora, Marián López.

Porque muchos son los llantos que esta uruguaya de 46 años ha sufrido desde que el 31 de julio de 2014 llegara junto a su hijo y sus dos gatas -procedente de una ciudad de Castilla y León que prefiere no decir- a ese edificio ocupado del céntrico barrio madrileño de La Latina donde vivían 46 personas, esas de las que también habla en “El desalojo” porque llegaron a ser una “familia”.

“Era un grupo intelectual, compartíamos libros, nos reuníamos, charlábamos, era un grupo muy cálido y perder todo eso fue brutal. Quienes vinieron a desalojarnos sabían que allí había niños y les dio igual, no nos avisaron para poder sacar nuestras cosas, lo más querido, los dibujos de mi hijo cuando era pequeño, los diarios, ni las gafas graduadas, eso fue un asesinato”, asevera.

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Un testimonio real y actual que logró sacar después de llevar muchos años sin dibujar, pese a que de pequeña, en su Uruguay natal, sus profesores calificaran de ‘don’ su manera de expresarse con un lápiz y un papel, recuerda.

“El arte te hace sacar aquello que llevas dentro con mucho dolor y eso había que contarlo en el taller, y yo lo mostré en un cuaderno dada la confianza, la humildad, la ternura con la que nos trataba la profesora Marián, ellos nos trataban como a personas, con mucho cariño”, cuenta.

Quizá por eso sus figuras alargadas al más puro estilo de Modigliani dulcifican el dramático texto y hacen más digerible esta situación que solo fue el principio del calvario personal que vive en la actualidad, ya que aunque trabaja cuidando niños vive “de acogida” en la casa de la artista Pilar V. de Foronda.

“Son las consecuencias de estas políticas de gobierno y del Estado que maltrata a las personas pobres, se nos criminaliza, se nos hace un control terrible, por eso mi hijo está tutelado por la Comunidad de Madrid (…). Hay una doble moral, se alienta a que sigamos teniendo hijos y luego se nos abandona porque las rentas mínimas de inserción no alcanzan, son de 510 euros”, lamenta.

Con su primera obra ya en las librerías, Feirrer desea tener más tiempo para seguir dibujando sobre la vida de los “nadies”, de esa gente a la que “no se escucha y se invisibiliza”.

Pero, sobre todo, lo que anhela es volver junto a su hijo, conseguir un empleo que le permita alquilar una vivienda y que así deje de sentirse como una “criminal” cada domingo, día en el que puede ir a visitarlo. EFE

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