Madrid,  (EFE).- Tras la II Guerra Mundial, unos presos alemanes tuvieron que limpiar de minas una playa danesa, unos hechos que Martin Zandvliet revive en “Land of mine”, candidata al Óscar a Mejor Película de habla no inglesa, y sobre la que el director habla con Efe. “Hay que aprender del pasado para que no se repita”, dice.

El danés (1971) explica que con su largometraje quiso mostrar que “la naturaleza es maravillosa, pero que los humanos la arruinan” además de transmitir la importancia que tiene “aprender del pasado”.

Mañana llegará a los cines un filme que revive uno de los episodios más trágicos de la II Guerra Mundial en Dinamarca: el que protagonizó un grupo de prisioneros alemanes enviados a una idílica playa de la costa occidental danesa para que limpiasen las 45.000 minas enterradas bajo la arena.

El cineasta, que ha dirigido otros largometrajes como “Aplausos” o “A Funny Man”, quiso también mostrar con este drama histórico con elementos de thriller “que la guerra es terrible” y que, después de un conflicto bélico, “no siempre llega la paz”.

“Después de una guerra, siempre queda odio y miedo” y, por eso, advierte el cineasta, “es importante mostrar un dilema que ocurre en cada guerra y comunicar que debemos tener cuidado con que ellos no se conviertan en los monstruos contra los que estamos luchando”.

Zandvliet no ha querido incidir en “lo que hicieron unos y otros”, sino en “lo que estaba viviendo la sociedad” en esa zona europea en aquel momento: “cuando la gente estaba sitiada y se necesitaban unos a otros, no eran tan diferentes”.

Compara a esas personas con los refugiados, que “huyen y temen a los terroristas”, y piensa que “es un error que la sociedad trate a los demás de forma genérica.

El de “Land of mine” es, según Zandvliet, un pasaje de posguerra “libre de guerra” que, sin embargo, no está exento de escenas muy duras que reflejan con dureza el precio que debieron pagar los prisioneros alemanes, mientras arriesgaban su vida.

Le parece curioso que hechos “tan significativos” fueran “tan desconocidos”: “no entiendo por qué la gente se saltó esa cara de la Historia. Por eso hice la película, porque creo que es muy importante que los cineastas contemos historias que no son muy populares”, añade.

La narración de los “hechos reales” de las dos naciones que entran en juego en su película ha sido “sustancial”, con la dificultad de que debía utilizar “algunos trucos cinematográficos” para “enganchar a la gente”, sin faltar a verdad.

Los actores -jóvenes y niños en su gran mayoría- fueron elegidos por el danés junto con la directora de casting, Simone Bar, “una mujer fantástica” con la que tuvo “largas conversaciones hasta decidir qué tipo de chicos quería”.

En esa búsqueda se incluyeron chavales que no eran famosos y que, en muchos casos, ni siquiera habían trabajado como actores.

Se toparon, así, con perfiles “muy reales y muy frescos”, como el de Roland Moller, que encarna al sargento Rasmussen.

Cuenta el director que no fue nada fácil conseguir que los distribuidores permitieran que en el largometraje participara Moller, porque no se dedicaba a la interpretación, pero finalmente les convenció porque tenía “mucho talento”.

Sobre la candidatura a los Óscar -que ganó finalmente “The salesman”, del iraní Asghar Farhadi- revela que se sintieron “muy felices” con el solo hecho de haber sido seleccionados.

Su objetivo ahora es “ir allá donde la historia esté”, sea en Dinamarca o en España, subraya.

“Es una responsabilidad de los cineastas mantener los ojos abiertos, permanecer centrados y nunca perder el interés en sorprender y entretener al público”, concluye. EFE

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