Los talentos rindieron a máxima capacidad y la producción alcanzó la excelencia en su danzar, sus coreografías, el vestuario, maquillaje , el limpio sonido, las proyecciones y sorprendentes efectos especiales. Se hizo historia del arte escénico.

José Rafael Sosa

SANTO DOMINGO. El Gran Gatsby es uno de los mayores desafíos que se puede plantear a un productor por ser un montaje en extremo complejo, difícil y exigente. A cualquiera espanta y a todos, les hace pensar más de una vez antes de la decisión de sus vidas.

Para montarla en el país se requería de un productor con suficiente valor para plantearse, desde 2014, la iniciativa de presentarlo al público, lo que se logró el pasado fin de semana, con lo que sin dudas ha sido un éxito como un precedente histórico del arte escénico de gran nivel, partiendo casi exclusivamente de talento técnico y artístico local. Lo que se hizo con esta representación en el Teatro Nacional, fue historia del arte nacional.

El Gran Gatsby es un título desafiante que no es aceptado en todas partes del mundo, incluyendo países en los que existe ya una tradición del teatro de gran formato, el musical.

El libreto

La base de El Gran Gatsby es la novela del escritor norteamericano F. Scott Fitzgerald, publicada en 1925) y que por sus características ha sido llevada al cine en 1974: dirigida por Jack Clayton y 2013: dirigida por Baz Luhrmann, con los protagónicos de Robert Refford y Leonardo Di Caprio, esta última que vimos en su estreno en 2015 en Cannes

Ahora, un asunto es adaptar a cine y otra, considerablemente distinta, hacerlo para un espacio físico determinado, el escenario.

Factores de producción

????????????????????????????????????

Luis Marcel Ricard, mostró, con su versión presentada en la sala Carlos Piantini del Teatro Nacional el pasado fin de semana, lo que es capaz de lograr la auto-confianza en los dones y potencialidades propios, la certidumbre de su visión como productor, el virtuosismo de sus talentos artísticos, de Fue la suya una decisión de valor personal, por lo inmenso del reto.

Había que encontrar los talentos nacionales e internacionales con la en la justa y máxima capacidad respecto de sus papeles; lograr la excelencia en su danzar y la sincronía de sus coreografías y la perfección de recursos escénicos, lo que incluye iluminación, universo sonoro (en medio del cual destaca el sonido limpio y claro de las voces de los protagonistas a partir de unidades móviles ) y particularmente la creatividad en la escenografía, que hace suceder sus cambios de continuo y, finalmente, sus efectos especiales: Los vehículos de lujo y de época conducidos en escena; la natación del personaje principal en piscina, su asesinato a tiros, la mancha de sangre que se extiende a partir de la agresión y el suicidio del matador, todos realizados en con un nivel profesional que ha establecido precedentes.

Mención especial merecen el vestuario, peinados y tocados, realizados con sentido estricto de recreación de época, reflejando el lujo y la vanidad de ese tiempo, la paleta colorida de textiles y sus diseños, apegados al pasado refulgente en que se logra el valor del vestuario en su máxima expresión. Justo igual se puede hablar del maquillaje, responsabilidad de Themus Teatro,

Marcel logró la asistencia de: Gracielina Olivero, quien pudo lograr el vivaz y coordinado sentido festivo en una coreografía que será muy difícil olvidarla. Un danzar sincrónico y rítmicamente representativo del pasado y el presente. Fue, adicionalmente, directora de actuación y de Ylsa Pela, como directora musical y pianista, ha calado el punto escénico más alto de su carrera. Tras su sonrisa agradable, lo que se oculta es un temperamento artístico signado por la disciplina y la dedicación.

Calidad interpretativa

Los personajes principales hacen mucho más que “salir a camino” con sus roles. Cada quien se internó en la vida de sus personajes y los sacan a flote desde el interior, manejando la intensidad emotiva, las maniobras de impresión (expresada en esas fiestas de gran escala), el amor que no se proclama hasta que es compelido a ser aceptado, un lado vergonzante de los amantes que se deben a una definición afectiva de vida.

Carlos de la Mota (Jay Gatsby) tiene oportunidad de mostrar al público dominicano una destreza profesional admirable.

Zeny Leyva, (Daisy Buchanan) intérprete cubano-dominicana, logra el mejor rol en teatro musical de su vida.

Roger Manzano, (Nick Carraway) es otro que muestra iluminación actoral producto de una actitud de búsqueda expresiva en escena con este rol de relator e hilo conductor de la narración de la trama.

Karoline Becker (Jordan Baker), que si bien no es extenso, vuelve a ratificar de que se está ante una artista múltiple y valiosa en casa una de las facetas que desarrolla.

Francesca Yarul (Myrtle Wilson) es la voz más alta y limpia de todas por lo que captó la atención y el rendimiento total del público antes sus acciones de drama con tonos de humor.

Mario Arturo (Tom Buchanan), se lleva los lauros como el actor de mayor gracia, signado por su capacidad para comunicar con el gesto.

Luis del Valle (George B.Wilson) resalta desde un personaje que se plantea muy secundario en principio, a ser el factor trágico principal de la pieza; Laura García Godoy (Marlene Moon), tiene a su favor un amplio camino de formación e interpretación, aportando vida chispeante a su rol.

En conclusión

Cuando pase el tiempo, y se sienta como rutina vivida el impacto de las luces y los aplausos, la alegría incontenible de los artistas antes de iniciar la función, los efectos especiales, los giros del bailar acompasado, cuanto todo ello haya transcurrido, lo que quedará es el precedente histórico de valor, empeño y buen arte, haciendo pedestal ante la historia de las artes escénicas dominicanas.

Fue mucha la gente que aplaudió sin darse cuenta de que había sido testigo, ahí mismo, de historia del arte escénico hecha ante el desafío de un complejo y demandante montaje.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí