Por Nelson Sosa

SANTO DOMINGO. Violencia es el uso de la fuerza. Puede ser deliberada y calculada. Es parte de esa agresividad que se anida en el ser humano. Es una expresión extralimitada del instinto que crece ante las dificultades sociales, económicas, políticas, morales, espirituales o físicas y síquicas.

En nuestro terruño hay muchas frustraciones personales, profesionales, políticas y económicas. Los jóvenes recién graduados no tienen oportunidades de empleo, las mujeres jóvenes sufren grandes precariedades, la perversión en el sistema político y judicial está a la orden del día, la falta de principios éticos, la exhibición de grandes riquezas de parte de políticos, empresarios y dirigentes de la Iglesia Católica, deshonestos, el éxito de los pícaros, la mala redistribución de las riquezas entre trabajadores y el abuso desmedido y depredador del medioambiente por parte de sectores poderosos, son un detonante de la violencia social.

La violencia es posible y se hace visible en determinadas situaciones y circunstancias. Las anteriores forman parte de ellas.

Este tipo de violencia es la que ejercen desde el Estado los grupos económicos y los comités políticos de los partidos y está vinculada a su ideología neoliberal y determinados nacionalismos desfasados. Es la violencia que provoca violencia creando la espiral de la violencia.

No hay mayor violencia que la que ejecuta el gobierno y sus funcionarios con este tipo de políticas en desmedro del pueblo. Es esa violencia, desmedida, incontrolada, sutil, vandálica, que se asocia al cinismo, la ironía mordaz, el sarcasmo, la rapiña y hasta el homicidio, utilizando grupos de delincuentes y turbas espontáneas o inducidas, la que se debe evitar.

Las precariedades en los servicios básicos, la destrucción de las instituciones públicas, el desorden, el alto costo de la vida, el robo al erario, la estafa de las ARS y AFP, la vinculación de funcionarios del Estado a mafias internacionales, la acumulación de grandes sumas de dinero a través de sobornos y pagos por “servicios prestados”, la corrupción triunfante y la falta de una justicia creíble, son elementos más que suficientes para que se genere violencia desde abajo hasta arriba.

Ante el desastre y el agobio económico que existe, este pueblo ha dado muestra de mucha serenidad y armonía social, las provocaciones no son necesarias.

La manera más creativa del pueblo es la de expresarse con libertad sin recurrir a la violencia que el gobierno patrocina. O acaso, ante tanta violencia generada por el Estado y el empresariado nacional corrupto, ¿el pueblo necesita que se desencadene más violencia…a quién o a quiénes beneficia en el gobierno que haya violencia…?

Sin embargo, el pueblo, comedido, respetuoso, desea asistir, tal y como lo estable la ley, a la marcha contra la corrupción, la violencia estatal y la impunidad este domingo 22 de enero a las 10 de la mañana en la 27 de febrero esquina Máximo Gómez, a decirle NO, a los ladrones de cuello blanco que mantienen al país en ascuas. Pero, “los moscas”, interactivos, vocingleros y elementos pagados, por los grupos de poder, han preparado fuerzas de contra choque, parecido a la Banda Colorá, para actuar en contra de la marcha.

No nos dejemos provocar.

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