Por: Melvin Mañón

Santo Domingo. Ahora, 12 de enero de 2016, que conmemoramos otro aniversario de la caida en combate de la jefatura de Los Palmeros me ha parecido propicia la ocasión para compartir una relfexión que desde hace años, cada vez con mayor apremio, me visita.

En numerosas ocasiones he comentado con Sagrada Bujosa así como con numerosos compañeros de la época que el paso de los años no ha disminuido el respeto, la devoción, la admiración y el interés por el ejemplo en la vida, la lucha y la muerte de Amaury, Virgilio, La Chuta y Ulises. En las misas que se celebran en la iglesia de Las Mercedes la asistencia no disminuye sino que se incrementa con los años, en los documentos que se publican , en las investigaciones de algunos historiadores, en trabajos de tesis de estudiantes y en la calle, en preguntas y comentarios se percibe un interés renovado por conocer la historia de acontecimientos que tuvieron lugar cuando mucha de esta gente ni siquiera había nacido.

Existe una relación mas o menos conocida entre la estatura de los heroes y el lugar que ocupan en la memoria de las generaciones siguientes pero, la calidad de las entidades que organizan los eventos de recordación, la conducta de los familiares que asumen el compromiso y la dirección hacia la cual evoluciona la historia en cada país afectan grandemente la valoración de esa memoria.

La historia dominicana de los últimos 40 años se ha construido como una negación de la valores que inspirararon el comportamiento político y la conducta social de la generación del 60. Incluso algunos descendientes directos de aquellos heroes perciben a aquellos hombres y mujeres como gente bien intencionada pero fracasados y ya sabemos que esta es una época que no tiene piedad para con los que pierden o incluso los que apenas son percibidos como perdedores.

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Si algo podemos celebrar del 12 de enero de cada año es que, la dedicación, la unidad, la coherencia de quienes han tenido a su cargo defender la memoria histórica de Los Palmeros ha estado a la altura de la integridad y del sacrificio de aquellos cuya memoria reivindican. Porque, a no dudarlo, quienes asumen el rescate de una memoria histórica asumen un compromiso que los obliga a estar y permanecer a la altura de aquellos que homenajean.

La gente, en todas partes ,y yo diría que en todas las épocas; no solamente es muy sensible a esta concordancia sino que la asume como un requisito. Hay numerosos acontecimientos y heroes de nuestra historia cuya memoria, cuyo sacrificio y cuyo ejemplo merecía mejor suerte. Todavía estamos a tiempo.

 

 

 

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