Córdoba.- El cantautor Joan Manuel Serrat ha enamorado al público del 35 Festival Internacional de la Guitarra en unas “mágicas y cordobesas noches” como él mismo ha dicho a un Teatro de la Axerquía casi al completo.

A las once menos veinte el “Noi del poble sec” llegó levantando al respetable que se deshizo en aplausos con su primer tema, “Para piel de manzana” compuesto en 1975, con el que dio comienzo la penúltima noche del Festival de la Guitarra de Córdoba.

“Mágicas y cordobesas noches, muchas gracias por darle sentido a este oficio” dijo a sus fieles seguidores que le respondieron “¡guapo!” desde las gradas.

Con traje negro y camisa azul, interactuó con el público, bromeando sobre efemérides como los 500 años del nacimiento de Teresa de Jesús o 1000 del nacimiento de la primera reina de Aragón.

Pero la fecha que más agradó fue la que conmemora con “Antología desordenada”, con la que Serrat está recorriendo España para celebrar las bodas de oro en los escenarios.

No faltaron las canciones reivindicativas como “Niño silvestre” que el cantautor presentó con la monición: “la mayor parte de los niños son pobres y la mayor parte de los pobres son niños”.

También deleitó con el tema que ha enamorado a generaciones, “Penélope”, que sonó más mágica que nunca con la Mezquita de Córdoba al fondo del Teatro de la Axerquía, un marco inigualable.

Y como no podía ser de otra manera, en la lengua de la tierra en la que más andaluces emigraron, Cataluña, Serrat cantó Paraules d’amor y Ara que tinc vint anys.

“Al fin, una pulmonía, mató a don Guido y están las campanas todo el día doblando por él: ¡din-dan!”; Serrat trajo a Córdoba al poeta sevillano Antonio Machado recordando “que aquel Jueves Santo salía llevando un cirio en la mano” del “caballero andaluz”.

Miguel Hernández también paseó por la ciudad califal de la mano del catalán “como un árbol carnal, generoso y cautivo”.

Junto al guitarrista Gilton y la cantante israelí Noa, Serrat entonó su melódica “Es caprichoso el azar” en un dúo en el que la sensibilidad a flor de piel se respiraba en la calurosa noche cordobesa.

Noa, descalza, con un espectacular traje blanco con destellos plateados, cantó un poema de Rajel, Uri, un rezo de amor a la espera del hijo deseado y una versión de La Vida es Bella de Nicola Piovani que fuera la banda sonora del film de Roberto Benigni con la que hizo al público cordobés corear en español, en árabe y en inglés el tema galardonado con un Óscar a la mejor banda sonora romántica en 1998.

Y por último, la esperadísima Mediterráneo, “desde Algeciras a Estambul”, puso el broche de oro a un concierto espectacular y con una gran acogida pues, tres han sido los años en los que Córdoba ha esperado la vuelta de Serrat después de que la última vez viniese acompañado de Joaquín Sabina.

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