María Montecelos

Santo Domingo,  (EFE).- La comunidad internacional se rasga las vestiduras estos últimos días a cuenta de las deportaciones de inmigrantes haitianos previstas por la República Dominicana una vez concluido el Plan Nacional de Regularización de Extranjeros, vigente durante el un año y medio y finiquitado el pasado 17 de junio.

Hay quien ha querido jugar con el pan de esta nación, el turismo, como medida de presión para evitar las expatriaciones, tal y como sugiriera el alcalde de Nueva York, Bill De Blasio, que llamó al boicot turístico contra el país por su comportamiento deshumanizado.

De Blasio no debía imaginarse las reacciones que desataría su ocurrencia (ante un problema tan complicado), y que tuvo el tino de expresar durante un acto en el Centro Cultural Malcom X en el Alto Manhattan.

Probablemente, el político vio la oportunidad de ejercer de paladín de los oprimidos, y aprovechó un auditorio lleno de personas de raza negra para demostrar su compromiso incondicional en la lucha contra el racismo, calificando las extradiciones de “acto ilegal, inmoral y racista”.

Las réplicas en el país caribeño no se hicieron esperar. Una apreciación compartida por la mayoría, y expresada de forma elocuente por el presidente de la Asociación de Industrias de República Dominicana (AIRD), Campos de Moya, es que De Blasio “no conoce un carajo donde queda República Dominicana ni Haití, ni las realidades de los dos países”.

Tan “popular” se ha hecho el alcalde neoyorquino que algunos quieren declararlo persona “non grata” en el país y organizar manifestaciones en su ciudad donde, por cierto, viven un millón de dominicanos que pueden montarle un buen “denbow”; en Central Park primero, y en las próximas elecciones después.

Hasta un deporte tan del gusto de los neoyorquinos como el béisbol se ha visto mezclado en todo el asunto…

Y es que el diputado Vinicio Castillo Semán, el mismo que propuso la marcha de protesta, pidió a los deportistas dominicanos que juegan en las Grandes Ligas que protagonicen un spot publicitario “rechazando que seamos un país racista o xenófobo y resaltando la solidaridad y generosidad de nuestro pueblo frente al haitiano”.

Quizá, De Blasio no ha llegado a ser consciente de su torpeza al pronunciarse en esos términos, sobre todo cuando diversas organizaciones internacionales han manifestado su preocupación por las repatriaciones que, hasta el 6 de julio son voluntarias y que, según las autoridades dominicanas, nunca serán masivas ni fruto de la persecución.

La Comunidad del Caribe (Caricom), que tiene a Haití entre sus 15 miembros pero no a República Dominicana, ha pedido al Gobierno que no deporte a los descendientes de haitianos nacidos en el país y evite crear una “crisis humanitaria” en la región, ya que esas personas podrían quedar apátridas.

Sin patria, eso no lo dicen, porque el presidente de Haití, Michel Martelly, no los reconoce como haitianos por haber nacido en República Dominicana, aunque sus padres fueran originarios del vecino país. ¿Cuál fue la reacción del organismo ante esto?

La última réplica a las críticas la ha pronunciado el presidente dominicano, Danilo Medina, que durante la XLV Cumbre del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) que se celebra en Antigua (Guatemala), dijo que no permitirá “que se siga hablando de nuestro país en esos términos con impunidad”, ni aceptará amenazas “con sanciones internacionales basándose en acusaciones que son absolutamente falsas”.

Los que vivimos aquí hemos tenido ocasión de conocer de cerca el drama de algunas de estas personas que no han podido regular su situación, ya sea por imponderables, o por negligencias propias y ajenas, pero no se puede negar la oportunidad que se les ha brindado.

Desde fuera, los que más cacarean en supuesta defensa de los derechos humanos, no aportan una solución ni se plantean acogerlos ellos mismos, sino que se limitan a señalar y a juzgar la política migratoria dominicana que, por otra parte, es bastante más generosa que la que han desarrollado muchos de sus “jueces morales”.

De momento, 17.000 inmigrantes haitianos han decidido volver a su país de forma voluntaria. Frente a estos, más de 288.000 personas se han inscrito en el Plan… Quizá son las más afortunados de esta historia.

Ellos y el presidente dominicano que, gracias a De Blasio y al resto de críticos, ha dejado de ser la diana de quienes, hace unos días, le lanzaban dardos a causa de la reforma constitucional que le permitirá optar a la reelección. Nada como un enemigo común al que hacer frente para salir airoso. Cosas del sentimiento de nación. EFE

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