Por JUAN T H
Santo Domingo. El de Miguel Vargas fue el discurso de la indignidad, el descaro, la desvergüenza, la traición y la venta pública y descarada del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), no al mejor postor, sino al peor, al enemigo, al de la corrupción, el desfalco y la impunidad representada en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en manos hoy del no menos indigno, Danilo Medina.

Lo único que le faltó decir al desleal y desventurado vendutero fue en cuánto vendió las siglas, porque es lo único que le queda del que fuera glorioso partido del pueblo del otrora líder José Francisco Peña Gómez. Pero el tiempo, no lejano, dirá cuántas fueron las monedas que el Judas recibirá a cambio en billetes y en posiciones en el Estado.

Fue un discurso pobre, carente de contenidos ideológicos y de principios, lleno de excusas propias de un mercenario político que estaba cavando su tumba en el cementerio del desprecio y el odio popular.

En el escenario no había figuras emblemáticas respetables, de calidad política y moral, convencidas del paso que daban junto al presidente de facto, Caballo de Troya del antiguo PRD, salvo la viuda de Peña Gómez, mujer ambiciosa capaz de comerse, al igual que Danilo, un tiburón y un perro podrido en aras de obtener determinados beneficios.

Había que ver los rostros de los presentes. Habías que verlos aplaudir sin entusiasmo ni convencimiento. Había que verlos ponerse de pie casi obligados por el coordinador de piso que ordenaba los débiles gestos de apoyo. (Tony Peña Guaba, secretario general, no estuvo presente, tal vez por vergüenza)

Al ver al traidor justificar la decisión de no ser candidato presidencial cediéndole el paso a Danilo Medina; al verlo anunciar que le entregó la casilla del PRD al PLD, que en vez de su foto en la boleta la que aparecerá será la de Danilo, sentí odio y vergüenza ajena, al comprobar hasta donde se ha degradado la política, que tan bajo ha descendido. Y sentí ganas de vomitar. ¡Qué asco!

¿Cuántas veces escuchamos al desgraciado decir que el PRD debía encabezar un frente opositor, cuántas veces lo escuchamos hablar del “principio de la no reelección” que como bandera irrenunciable mantuvo Peña Gómez a lo largo de toda su vida, cuántas veces nos habló de la casilla número uno que ahora le vende en bandeja de oro y sangre a Danilo Medina?

Hay que tener la cara de concreto, no tener dignidad ni decoro, carecer de vergüenza, para anunciarle al país la decisión unilateral, sin que lo determinara ningún organismo, que el PRD ha sido vendido, que llegó a su fin después de 76 años de existencia.

Hay que no tener sentido de la historia para lanzar por la borda tantos sacrificios y tantas jornadas de luchas revolucionarias que le costaron al pueblo dominicano sudor, sangre, dolor y luto, en aras de la libertad y la justicia.

Enterrar al PRD en el fango de la traición y el deshonor es un crimen que algún día tendrán que pagar tanto los que vendieron como los que compraron. La venganza será del pueblo más temprano que tarde.

Parafraseando a Hemingway en su novela de 1940 sobre la guerra civil de España, no preguntes por quién doblan las campanas, están doblando por Peña Gómez, por don Antonio Guzmán Fernández y por los miles de hombres y mujeres que fundaron y que murieron por el PRD.

 

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