Gaspar Ruiz-Canela

Nakhon Ratchasima (Tailandia),  (EFE).- La tailandesa Thanta Laovilawanyakul, que considera la prostitución “un trabajo perfecto”, dará voz a las trabajadoras del sexo en un proyecto teatral que la llevará a Dinamarca.

La hetaira, quien trabajó hace años en un bar de alterne en el norte de Tailandia y ahora ejerce como autónoma, fue seleccionada en un casting realizado por el grupo danés Fix & Foxy entre una veintena de personas de diversas profesiones.

“En el casting, me animaron a contar dónde trabajo, cómo es el carácter del trabajo, cómo llamo a los clientes, qué es lo que tengo en cuenta para ir con un cliente o no, qué hago cuando llego a la habitación con el cliente, cómo hago yo al encontrarme con cada tipo de cliente”, dijo a Efe Thanta.

Fix & Foxy, centrado en proyectos artísticos y sociales, ha concedido una beca a Thanta para que realice un curso de teatro en Dinamarca en abril antes de subirse a las tablas del teatro Betty Nansen, en Copenhague.

Entre el 1 y el 25 de mayo, la tailandesa representará un monólogo de 90 minutos, titulado “Love Theatre” (teatro del amor) en el que interactuará con el público, que representará el rol de los clientes.

La experiencia de Thanta se remonta a los años entre 1992 y 1996 cuando trabajó “haciendo de todo” en el Jack Bar, un local de ocio nocturno que fundó con otros amigos en Chiang Mai, una turística ciudad en el norte tailandés.

“Mi rutina era abrir el local, limpiar las mesas, barrer el suelo… Llamaba a los clientes, jugaba con ellos, iba de compras con ellos…”, explica la tailandesa, que hace un año se mudó a Nakhon Ratchasima, una tranquila capital de provincias situada a unos 259 kilómetros de Bangkok.

Subraya que en todo caso las camareras del Jack Bar solo se iban con clientes de forma voluntaria.

El cliente, sin embargo, tenía que pagar 300 bat (unos 9 dólares u 8 euros) de “multa” al bar por llevarse a una camarera antes de terminar su turno, además de la tarifa que acordasen entre ambos.

Estos servicios especiales son, junto a los tradicionales prostíbulos, bares de striptease, masajes con “final feliz” o espectáculos sexuales de “ping pong”, parte de la amplia oferta de la industria del sexo en este país del Sudeste Asiático.

Thanta, que también ayuda a su madre en una tienda de ropa en Nakhon Ratchasima, asegura que decidió entrar en el negocio sexual tras divorciarse con dos niñas pequeñas, aunque su verdadera motivación fue la posibilidad de conocer a gente nueva.

Con el tiempo empezó a colaborar con Empower, una ONG que trabaja para la concienciación y la defensa de las trabajadoras del sexo.

Durante algún tiempo participó en un grupo teatral aficionado, Honey Bee, en el que improvisaban números con una intención didáctica como el uso del preservativo.

Uno de los objetivos de Empower es descriminalizar la prostitución, que es ilegal en Tailandia a pesar de que se practica abiertamente en los famosos barrios rojos y megaburdeles de Bangkok o, de forma más flagrante, en la ciudad costera de Pattaya.

“Los trabajadores del sexo deberían tener un salario justo, derecho a pensión, seguridad social, bienestar, como cualquier otra profesión”, opina Natha.

Las feministas que se oponen a la prostitución, asevera, deberían “tener una mentalidad más abierta”, ya que las mujeres “deberían poder hacer con su cuerpo lo que quieran”.

Afirma que ella no empezó por dinero, ya que antes llegaba a ganar unos 30.000 bat (unos 1.000 dólares u 800 euros) comerciando con oro, sino porque lo considera el “trabajo perfecto” para satisfacer su deseo sexual y ganar dinero.

Asegura que en Tailandia, donde una mujer necesita el permiso de su marido para hacerse una ligadura de trompa, trabajar como hetaira es más interesante que desgastarse con las labores domésticas en matrimonios diseñados bajo el yugo patriarcal.

Thanta critica a la sociedad que no acepta a las trabajadoras del sexo y asegura que su familia conoce a lo que se dedica y que ella se siente merecedora del premio “a la mejor madre”.

De su experiencia en Copenhague, la emprendedora tailandesa espera aprovechar lo aprendido para, quizá, montar otro grupo de teatro con fines sociales y didácticos en Tailandia. EFE

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