Patricia M. Heredia Mejía

Santo Domingo. Todos los años es la misma rutina, las autoridades, funcionarios y estudiantes se reúnen en los diferentes lugares donde hay un busto de Juan Pablo Duarte, en Altar de la Patria o en otro lugar, a conmemorar el natalicio del padre de la patria.

No digo que eso este mal, pero sería importante que nos preguntáramos en qué me parezco yo a Duarte, cuáles de sus ideales sigo, es o ha sido Duarte un ejemplo para mí, qué les estoy enseñando y heredando a las futuras generaciones y, sobre todo, soy capaz de llamarme “Dominicano o Dominicana” y morir por mi patria y por mis ideales.

Ninguna de esas preguntas nos la hacemos, año tras año hacemos lo mismo, es como dice el refrán “la costumbre hace ley”, pero de esa ley y de esa costumbre se pueden sacar muchas cosas positivas, como llevar a la práctica los ideales de Duarte.

Este día, el día del natalicio del padre de la patria debe motivarnos cada año hacer algo diferente, a luchar por tener una patria digna, libre de todo poder extranjero, un país con un estado capaz de brindarles mejores condiciones de vida a los dominicanos.

Un país donde los políticos y sus funcionarios no sólo piensen en llegar al poder para llenarse los bolcillos. Donde se pueda vivir dignamente con lo que se tiene, con un empleo adecuado y una educación basada en principios éticos y morales. Donde la gente pueda confiar en el otro y andar sin temor en las calles.

Los dominicanos deben ser capaces de no repetir como “papagayos” las frases que Duarte expreso, sino que esas frases deben hacerlas verbos, acciones y el pan diario de cada día, se predica con el ejemplo no con palabras.

Parafraseando y modificando a Ricardo Arjona,  es hora de que Juan Pablo Duarte pase ser verbo en la vida de los dominicanos y dominicanas y no sustantivo.

Porque cada una de sus frases cobró vida y fueron acciones al momento en que se pronunciaron, ejemplo de ella: “Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”. Es decir, dio muestra que él era más que palabras, era acción concreta en benéfico de su pueblo.

Juan Pablo Duarte fue vida, hizo proezas para heredarnos lo que apuras penas gozamos hoy, un país llamado República Dominica.

La autora es periodista: Twitter @PatriciaHeredi8

 

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