Concha Barrigós.

Madrid,  (EFE).- Con tacones, el pelo oscuro, vestida como una reina y pintada como un coche. Así reaparecerá Concha Velasco el día 28, tras un parón de cinco meses en el que ha estado “muy malita”, para recoger el premio que hoy le ha concedido el Festival de Mérida y que para ella es “mejor que todas las medicinas”.

“Estoy muy ilusionada porque este premio importantísimo -el Emérita Augusta, a toda una vida- lo han recibido los dos anteriores años nada menos que Nuria Espert y Héctor Alterio y significa reaparecer en Mérida, mi sueño imposible durante mucho tiempo”, explica en una entrevista con Efe la actriz vallisoletana (1939).

Acaba de volver de sus controles médicos en el hospital Sanchinarro de Madrid, donde, desde el 1 de abril, le han operado ya en cuatro ocasiones de distintas “cosas”, dice en referencia al proceso tumoral que empezó a “avisarla” cuando estaba haciendo “Hécuba”, precisamente en Mérida, pero al que no quiso prestar atención hasta que se le declaró una peritonitis “hasta la pleura”.

“He estado muy grave pero he salido de ello. He tenido la suerte de caer en unas manos magníficas, las del doctor Hipólito Durán y el doctor Vicente, y una vez al mes tengo que ir a que me ‘vigilen’. Hoy me ha dicho que mi mejor tratamiento iba a ser volver a ser la Concha Velasco que llegó a su quirófano hace cinco meses”, rememora.

Nadie puede imaginar, afirma, “el bien” que le ha hecho la concesión de este premio: “ni todos los tratamientos, ni todas las medicinas me podrían dar algo igual”.

Tanto es así que la única “receta” que el doctor Durán le ha “expendido” hoy, asegura la actriz, ha sido que vuelva a arreglarse y “ser” ella porque durante estos meses se había venido “un poco abajo” y nada le apetecía.

Ahora sí, dice, y está muy ilusionada con pisar, “con tacones”, el escenario del Teatro Romano, “pintarse como un coche” y “quitarse el amarillo” del pelo, que no había querido volverse a teñir casi “convencida” de que con la quimioterapia se le iba a caer, aunque no ha sido así.

Velasco, que cumple 55 años de carrera, no había conseguido actuar en el Festival de Mérida, su “sueño imposible”, hasta que Jesús Cimarro, un empresario en el que confía “totalmente” y con el que hace “lo que le pida”, tomó sus riendas.

“Sinceramente, este premio no me ha tocado en la lotería. No es un regalo porque yo a esta profesión se lo he dado todo”, reivindica.

Hace tres años inauguró el certamen con “Hélade” al lado de José María Pou, Maribel Verdú y Lluis Homar, y regresó el pasado con “Hécuba”, “la tragedia de las tragedias”, con la que luego estuvo de gira hasta que su dolor pudo más que su miedo a ir al médico.

“Estoy tan orgullosa de ‘Hécuba’… Es un papel que en España no había hecho ninguna actriz. No siquiera Nuria Espert o la Xirgú. Pero ha sido mi gran éxito y mi gran dolor, porque fue haciéndola cuando salió mi enfermedad”.

De lo que más orgullosa se siente y se seguirá sintiendo, al margen de sus hijos y nietos, es de adorar como adora su profesión: “es lo mejor que me ha pasado en la vida”.

Por eso, reitera, es “importantísimo” que vuelva a trabajar, a arreglarse y ponerse guapa porque, entonces, “la próxima analítica será aún mejor que esta. Recuperar la actividad va a ser el 30% de mi tratamiento”, agrega.

La actriz y presentadora, que acaba de cambiar de representante, espera incorporarse el día 1 a las grabaciones del programa de TVE “Cine de Barrio”.

“He leído por ahí que lo dejaba. Creo que ha sido alguien malintencionado. Estoy deseando reincorporarme y volveré a decir lo que le digo a cada director: que por qué no es en directo. Ganaría mucho”.

Ahora su mayor preocupación es que se quiere “motivar” para ir “bien preparada” el día 28 a Mérida, y “no llorar” ante la emoción de recuperar a un público que, admite, la quiere “tantísimo”. EFE

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