Patricia Heredia Mejía

El Seibbo, República Dominicana.

En República Dominicana coexisten más de 25 partidos y organizaciones políticas que presentan aspirantes en las elecciones realizas cada cuatro años.

De estos, solo tres poseen la mayoría de las   simpatías del electorado y alrededor de ellos gira la vida política nacional.

Las ideologías de estos tres partidos tradicionales: Partido Reformista Social Cristiano, (PRSC), Partido de la Liberación Dominican, (PLD), y el Partido Revolucionario Dominicano (PRD)   está en dudas, ya que su accionar demuestra que son un método para escalar posiciones y obtener prebendas.

Debido a esto, actualmente, es difícil distinguir si aquí existen partidos políticos, pues se han convertido en empresas políticas, usadas solamente para extraer beneficios y venderse como producto al mejor postor.

Estas instituciones que fungen como “partidos políticos” forman parte de la historia del pueblo dominicano, y fueron creados por líderes como Juan Bosch, Joaquín Balaguer y José Francisco Peña Gómez con ideologías conspicuas para servir al pueblo.

Pero según trascurre el tiempo, y con la desaparición de los ilustres ideólogos, en estos organismos se ha llevado a cabo una profilaxis de la moral; su esencia ha pasado a ser la “partidocracia” en términos peyorativos.

A raíz de lo antes señalado, se puede decir que a   los tres partidos mayoritarios no le interesa regularizar ni reestructurar la filosofía por la que se rigen, muestra de ello, es el desinterés de la creación de una Ley de Partidos que si se cumple como se estable regularizaría la vida política del país.

El proyecto de ley y agrupaciones políticas realizado por la JCE a más dos años de ser introducida sigue sin ser aprobada en el congreso, porque esto coartaría los beneficios que obtienen los grandes empresarios que lideran las instituciones políticas. Con esto se demuestra que  este proyecto perecerá en la presente legislatura.

Líderes civiles y religiosos alzan su voz a diario a través de los medios de comunicación solicitando la promulgación de esta ley, ya que después de haber recorrido un largo camino (casi 30 años),   el 2013 parecía el momento crucial para su aprobación, pero el año finalizo y con ella la esperanza de la sociedad de ver esta ordenanza convertida en realidad.

 

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