Santo Domingo.- La Carta Pastoral dada a conocer por los obispos reitera el discurso católico tradicional y cada vez más anacrónico sobre la familia, al tiempo que presenta omisiones desconcertantes, consideró la organización Colectiva Mujer y Salud.

Sergia Galván directora de la entidad lamentó la defensa de los obispos locales a la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, y al “cinismo” de la Carta Pastoral que obvió mencionar los casos de pederastia en los que se han visto envueltos hombres de la Iglesia.

“Nos referimos en primer lugar a la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, tan ardorosamente defendida por el jefe de los obispos, el Cardenal López Rodríguez, disposición que no solo afecta a los más de 200,000 descendientes de migrantes haitianos nacidos en el país, sino también a los hijos que ellos puedan tener en el futuro”, dijo la entidad en un documento.

A seguidas destacó el hecho de que la sentencia condene a los desnacionalizados y a sus familias presentes y futuras a la pobreza crónica, la marginalidad social y la explotación económica no parece, sin embargo, preocupar a los obispos tanto como el hecho de que en algunos países los gays y las lesbianas puedan contraer matrimonio con las personas que aman. Las contradicciones éticas que revelan estas posturas son insoslayables.

“En segundo lugar”, continuó el documento, “consideramos una muestra de irresponsabilidad que raya en el cinismo el hecho de que la carta de los obispos omitiera mención alguna de los casos de pederastia sacerdotal que han plagado a la Iglesia dominicana en el último año. Este mutismo episcopal ratifica la trayectoria de encubrimiento y complicidad que ha caracterizado el accionar tanto de la jerarquía local como del Vaticano, contribuyendo así a que estos casos permanezcan impunes”.

Colectiva Mujer y Salud califico de “grave y sistemático” el proceder eclesiástico frente a estos crímenes, que la divulgación el día de hoy de la Carta Pastoral coincidió con una ocurrencia histórica: la comparecencia de los representantes del Vaticano ante el Comité de las Naciones Unidas Sobre los Derechos del Niño.

“Contrario a lo planteado en los últimos días por voceros de la Iglesia, la preocupación principal del Comité es la política vaticana de encubrimiento y protección de los curas pederastas y su escasa preocupación por las víctimas de estos crímenes, ambas claramente evidenciadas en los casos dominicanos”.

“Tampoco se trata, como se ha insinuado, de un intento de acoso o persecución. Desde el momento en que la Iglesia logró que un número suficiente de países católicos se acogiese a la ficción de que el Vaticano es un “Estado” y como tal tiene derecho a participar en las Naciones Unidas y a firmar convenios multilaterales, asumió voluntariamente las obligaciones que dichos tratados conllevan -en este caso, la de presentar informes periódicos ante el Comité que monitorea el cumplimiento de los compromisos adquiridos por los Estados signatarios de la Convención Internacional Sobre los Derechos del Niño”.

“Pero las incoherencias eclesiales no se limitan al tratamiento de los desnacionalizados y de la pederastica clerical. Consideremos sino su insistencia en la familiar nuclear en un país donde dicho modelo familiar es estadísticamente minoritario o, peor aún, su preocupación por el embarazo adolescente al tiempo de reiterar la prohibición del uso de anticonceptivos. La ofuscación de la Iglesia frente a la anticoncepción, la educación sexual escolar y el aborto terapéutico la colocan a espaldas a la gran mayoría de la población dominicana, que según las encuestas favorece estas medidas en forma inequívoca”.

“Esta oposición implacable a los derechos sexuales y reproductivos junto a su proceder censurable frente a los curas pederastas no hacen más que acelerar la pérdida de autoridad moral de la Iglesia, un proceso que esta Carta Pastoral no contribuye en nada a revertir”.efe

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.