NewYork.- Éxitos como “Kinky Boots”, ganadora de seis premios Tony, o “Betrayal”, que amasa un millón de dólares por semana. Estrellas como Scarlett Johansson, Tom Hanks o Rachel Weisz.

Un enero que empezó con una “gata sobre el tejado”, con Scarlett Johansson y la abrasadora dramaturgia de Tennessee Williams; un diciembre con acento británico de Ian McKellen y Patrick Stewart en su combo de “No Man’s Land”, de Harold Pinter, y “Esperando a Godot”, de Samuel Beckett.

En 2013, se estrenaron las grandes ganadoras de los premios Tony, cuya temporada comprendía desde junio de 2012 hasta abril de 2013. Fue en ese último mes en el que se vivió el auténtico “sprint” hacia los galardones, pues se estrenaron “Kinky Boots” y “Pippin”, dos de las grandes ganadoras.

“Kinky Boots” repitió la fórmula que dio el éxito a “Billy Elliot”. Tomar un filme independiente británico y convertirlo en un producto para las masas. En este caso, además, con sus 6 estatuillas, incluida la de mejor musical del año, resucitó de paso a la estrella del pop Cindy Lauper.

“Pippin”, elegida la mejor reposición musical de la temporada y ganadora de cuatro premios Tony en total, recurrió al formato clásico e inmortal de Bob Fosse, con el ingenio artesano sobre la escena y la magia del local pequeño.

También llegaron con la primavera la revisión en clave irónica de Chejov en “Vanya and Sonia and Masha and Spike”, protagonizada por Sigourney Weaver y considerada la mejor obra no musical del año, y la importación del montaje triunfador en el West End londinense, “Matilda”.

En una temporada en la que 11 millones de personas pasaron por los teatros de Broadway dejándose un total de 1.138 millones de dólares (930,4 en musicales y 198 en piezas dramáticas) los Tony no pudieron sino pasar a un escenario mayor, del Beacon Theatre al Radio City Music Hall, y su maestro de ceremonias, Neil Patrick Harris, inició la gala cantando “Let’s make it bigger” (Hagámoslo más grande).

Contribuyeron a esta grandeza el llamado “jukebox musical” o “musical de gramola”, con canciones de siempre, puesto que el musical “Motown”, sobre con los grandes temas producidos en el famoso sello discográfico de música negra, fue uno de los grandes éxitos comerciales del año.

También hicieron caja la llegada de grandes estrellas de Hollywood, como la citada Scarlett Johansson o Tom Hanks, en su debut con una obra póstuma de Nora Ephron, “Lucky Guy”, aunque las críticas no fueron unánimemente positivas en ambos casos.

Y si los musicales son para la primavera y el verano, los dramas son para el otoño y el invierno. El fenómeno de “The Glass Menagerie”, otra obra maestra de Tennessee Williams, se haya ido llenando cada vez más para ver al a priori no tan prometedor debut de Zachary Quinto en Broadway.

“Macbeth”, con Ethan Hawke algo más alejado del epicentro de Broadway (en el Lincoln Center concretamente), fue la punta del iceberg de un año muy shakespeariano, pues también se representaron “Noche de Reyes”, “Romeo y Julieta” con Elizabeth Olsen, y Stephen Fry fue “Ricardo III”.

Además de la inevitable deconstrucción de un clásico, en este caso “A Piece of work. A machine-made Hamlet”, que cierra el año, también inevitablemente, en el BAM de Brooklyn.

Pero, si algo ha calentado el comienzo de la temporada otoñal con el llamado “hot ticket” (las entradas más deseadas), ha sido la estelar reposición de “Traición”, de Harold Pinter, con el morbo añadido de tener en esta historia de infidelidades a un matrimonio real y tan glamuroso como Rachel Weisz y Daniel Craig a las órdenes de Mike Nichols.

 

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