Washington DC.- La actriz Glenn Close cambió Hollywood por el Capitolio., a donde acudió para abogar por una mejora de la atención médica a los enfermos mentales, una de sus prioridades en los últimos años.

Allí compareció en rueda de prensa como una activista más de la defensa de los enfermos mentales, una causa que la ha golpeado muy de cerca y que en 2010 la llevó a fundar “Bring Change 2 Mind”, una organización sin ánimo de lucro que trabaja por acabar con la discriminación contra quienes padecen estas dolencias.

El “estigma” que pesa sobre los enfermos mentales es “enorme”, dijo la actriz al reclamar la aprobación de una iniciativa legal bipartidista, la Ley de Excelencia en la Salud Mental, que tiene como objetivo ampliar el acceso a la sanidad para estos enfermos.

Ese proyecto de ley, que recibió la semana pasada el visto bueno del Comité de Finanzas del Senado, podría recibir su aprobación definitiva en la primavera de 2014.

Glenn Close sabe bien de lo que habla: su hermana Jessie sufre un transtorno bipolar y su sobrino Calen (hijo de Jessie) padece esquizofrenia.

“Mi hermana vino hace cuatro años y me dijo: ‘Necesito tu ayuda, no puedo parar de pensar en suicidarme'”, confesó la actriz.

Acostumbrada en el cine a interpretar papeles de mujer dura, como la implacable jefa de redacción de un periódico en “The Paper” o la perversa marquesa de Meurteille de “Las amistades peligrosas”, esta situación ha despertado su lado más humano.

A raíz de que a su hermana le diagnosticaron un desorden bipolar cuando tenía 50 años, relató la artista, su familia empezó a plantearse ciertas cuestiones, ya que, según Close, “la enfermedad mental es un asunto familiar”.

“Nuestra familia no tenía vocabulario para la enfermedad mental. Ella era siempre la salvaje, la irresponsable, cuando se comportaba mal. Nunca se nos ocurrió que podía estar sufriendo algo que, básicamente, no podía controlar y que necesitaba ayuda desesperadamente”, explicó la actriz.

“Son muy valientes, mis héroes”, señaló Close sobre sus familiares enfermos, que la han llevado a emprender una cruzada por esta causa que ya la llevó, en junio pasado, a visitar la Casa Blanca para impulsar un debate nacional sobre la salud mental.

“Me parece increíble que a la gente aún le resulte tan, tan difícil hablar de ello. Por tanto, nuestra pasión es hacer que se hable de la enfermedad mental igual que de la diabetes o el cáncer”, proclamó la seis veces nominada en los Óscar.

Para Close, la ley que está tramitando el Congreso “va a traer cambios desde la base”, porque hay organizaciones y personas que han estado trabajando “en la trinchera” y su labor será “validada” y recibirá el apoyo del Gobierno para la gente que lo necesita.

“Existe la sensación de que la gente está esperando el permiso para empezar la conversación. Si notan que sus representantes en Washington realmente les escuchan y se preocupan por ellos y por lo que están pasando, eso va a cambiar el paisaje de la salud mental en este país”, pronosticó Close.

El proyecto de Ley de Excelencia en la Salud Mental, impulsado por los senadores Debbie Stabenow (demócrata) y Roy Blunt (republicano), lo respaldan más de 50 organizaciones de salud mental, veteranos de guerra y cuerpos policiales.

“Se trata de que no haya una diferencia entre las enfermedades que suceden arriba y abajo del cuello”, afirmó Stabenow en la rueda de prensa, quien avanzó que el proyecto se tramitará en el Senado entre febrero y marzo.

“Aunque es más probable que la gente con problemas mentales sea víctima que autora de un crimen, vemos una y otra vez, tragedia tras tragedia, que la amenaza común es un problema de salud y conducta que no ha sido tratado”, apuntó Blunt.

Según los datos del Departamento de Salud y Servicios Humanos, en Estados Unidos uno de cada cinco adultos padece cada año algún problema mental y hay 45 millones de ciudadanos que sufren esquizofrenia, depresión, ansiedad u otras dolencias relacionadas.

Esas enfermedades tienen una especial incidencia entre los soldados, ya que se calcula que cada día se suicidan 22 veteranos de guerra estadounidenses.

El problema de los desórdenes mentales es que no se ven, así que Close animó a los ciudadanos a que hablen de ellos sin “susurros” ni “miedo o vergüenza”, convencida como está de que “forman parte de la condición humana”.

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