Madrid.- Con su segundo disco de boleros recién estrenado, Manuel, Óscar y Raúl, los tres componentes de “Café Quijano” reconocen que les da “vergüenza” hablar “públicamente del amor” pero que se sienten “plenos y felices” tras retomar su carrera musical, que dejaron durante ocho años (2004-2012).

Con este segundo volumen de “Orígenes; El Bolero”, grabado en sus propios estudios de León, los hermanos Quijano cumplen con uno de sus deseos: “cantar boleros”, y con su filosofía de “disfrutar de la vida” (dice Raúl) y buscar una oportunidad allá dónde vas (apunta Manuel).

Mientras, ambos, solteros, confiesan que les da “vergüenza hablar públicamente del amor, de la soltería”. “No lo hacemos nunca”, sentencia Manuel.

Entrevistados por Luján Argüelles en el programa “La hora de Luján”, en Radio, los leoneses explican que su meta “es enamorarse de tu trabajo y seguir haciéndolo con todo el cariño”, que tienen la sensación de que “no han hecho nada” y que, entre sus proyectos personales, está el de ser padres.

Llevan 17 años en la profesión, género que les inculcó desde pequeños su padre, profesor de música, y dicen que al hacer una canción tratan de ver “cómo te sentirías en una situación concreta” para explicarse a sí mismos “cómo la vivirías”.

“Entonces, no necesariamente has de haber vivido lo que cuenta una canción para poder sentirla. Al final, las palabras son las mismas para lo que imaginas que para lo que has vivido”, explica Manuel.

Aseguran que llevan “bien” el paso del tiempo porque “cada uno se siente como se puede ver desde fuera”, y recitan el refrán de “la cara es el espejo del alma”.

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Una felicidad que reconocen que han obtenido por “la suerte de viajar, de conocer, de vivir, de sentir, de disfrutar y un montón de adjetivos que se pueden acuñar a esta experiencia que hemos tenido con la música y nos ha dado tanto”.

Ante la pregunta de que mucha gente se ha sorprendido con sus boleros, los Café Quijano contestan que “siempre” han estado en contacto con el bolero “desde bien niños” y argumentan que “en cada una de nuestras producciones ha habido un bolero como testimonio”.

Dicen que su meta es “enamorarse” de su trabajo y “seguir haciéndolo con todo el cariño”, aunque tienen la “sensación” de que no han hecho “nada”; y precisan: “Qué no suene a falta modestia”.

Sobre sus ocho años separados, los músicos dicen que “tocaba parar”, lo mismo que ahora “toca darlo todo”.

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