EL PAÍS COMO HERENCIA

Por JUAN T H
Le dejamos el país como una herencia. ¡Y como tal lo tomaron!
Le entregamos el país como un regalo. Y, como “a lo que nada nos cuesta hagámosle fiesta”, lo han destrozado casi por completo en francachelas y parrandas que les han permitido darle la vuelta al mundo en 12 años, más de una vez, como reyes y reinas de las monarquías más poderosas de la Edad Media, como faraones del antiguo Egipto, como Cesares del antiguo Imperio Romano y como Jeques árabes en tiempos coloniales.

Amparados en sus propias leyes, decretos y reglamentos, han legalizado los privilegios más descarados y exorbitantes jamás vistos: salarios de lujo que ni siquiera vemos en países desarrollados. Funcionarios que ganan más que el presidente de Estados Unidos; exoneraciones prohibidas en cualquier otro país del mundo, pensiones millonarias por el solo hecho de haber pasado por un cargo, no importa la edad ni el tiempo en las funciones públicas; “barrilitos” inmorales para senadores que superan hasta el millón de pesos mensuales sin incluir salario, viáticos, celulares, seguridad personal para toda la familia y todas las amantes. Villas y castillas, aviones y helicópteros. Seguro médico internacional que utilizan una o dos veces al año porque saben que el sistema de salud que han creado no sirve ni para perros.

Un pequeño ejército para cada ministro, legislador o dirigente importante del partido. Vehículos de lujo muchas veces blindado. Cuentas millonarias en pesos, dólares y euros en bancos nacionales y extranjeros.

¡Lo tienen todo!
Su propio Congreso, su propia Justicia, su propio Ejército, su propia Policía, su propio Palacio Nacional, su propia Prensa, sus propios Abogados, sus propios Periodistas, sus propios Curas y sus propios Pastores; sus propios bomberos y sus propios Clubes “Deportivos y Culturales”. ¡Nada les falta! ¡Todo le sobra!

“¡Al César lo que es del César! ¡A Dios lo que es de Dios!” Si, al César lo del César, es decir, los impuestos hay que pagarlos por las buenas o por las malas. Tantos privilegios es imposible mantenerlos sin tributo. Un gobierno, más si es corrupto, no se mantiene sin el dinero de los ciudadanos. Por eso usted los ve cobrando, exigiendo, extorsionando y chantajeando para que paguemos sus borracheras de poder y sus orgias de placer.

Le dejamos el país como una herencia. Y lo tomaron como tal.
Hay que verlos con su aire de grandeza, mirando a los demás por encima del hombro, en sus vehículos de ocho y 12 cilindro quemando combustible que no compran, con los vidrios tintados de negro para que los mendigos no los vean, con sus escoltas armadas hasta los dientes.

Da gusto verlos con el pecho erguido, la sonrisa fingida y el gusto comprado. Todo lo que usan es “de marca”. Todo lo compran en el extranjero, incluso la comida. Hasta el agua de tomar la importan porque saben que la del país no sirve.
Les tengo envidia, pero de la buena. Ellos sí que han sabido utilizar el poder; ellos sí que se han dado gusto gobernando. Como dice uno de los patriarcas del oportunismo y el transfuguismo fundador del actuar partido de gobierno, “la política se mide por los resultados”. Y es verdad. Los resultados personales, no los “resultados” obtenidos por el pueblo que se muere de hambre.
Le entregamos el país como una herencia. Y lo tomaron como tal asegurándonos que “la República Dominicana es inagotable”. Y se lo creímos. ¡Qué cojones!

Lo que no saben los nuevos dueños del país, es que todo tiene un fin. Y su fin está más cerca de lo que ellos suponen. Por lo menos eso dice la historia. Pero en lo que llega el final de esta tragedia, ¡que siga la fiesta, compadre!

 

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