ALICIA ALONSO.- “Pienso llegar a los 200 años y viajar al planeta Marte”, así se ha presentado en Barcelona ante los medios de comunicación la legendaria bailarina y coreógrafa cubana Alicia Alonso, ha dicho, por “un catarrito bastante fuerte”.

Alicia que cumplirá en los próximos meses 93 años, leyenda viva del ballet clásico, no desaprovecha ninguna ocasión para hacer una defensa inquebrantable de la danza.

Cuando se le pregunta si cree que los 70 años desde su debut en “Giselle” han pasado rápido, Alicia Alonso declara que para ella el tiempo es vida y casi desafía a Fausto cuando proclama que piensa vivir 200 años y asistir a la llegada de la humanidad al planeta Marte: “En mi vida, siempre he sido muy curiosa”.

No cree la fundadora del Ballet Nacional de Cuba que la danza clásica esté en crisis, a pesar de la situación actual del mundo: “El ballet es un arte que llega a todos y que ha atraído a pintores, a músicos, a compositores y, en general, al público, encantado de ver lo que se puede hacer dominando el cuerpo”.

Retirada de los escenarios desde hace años, Alonso asegura que “Giselle” es su ballet favorito, no sólo porque fue su gran debut con un papel protagonista en el American Ballet Theatre el 2 de noviembre de 1943, que la convirtió en una estrella, sino además por que le gusta su argumento y su estilo, que es muy “romántico”.

El Ballet Nacional de Cuba, con Alicia Alonso como directora general, representará, a partir de mañana y durante quince días en el Teatro Tívoli barcelonés, una de las obras más afamadas de su repertorio, “El lago de los cisnes”.

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“Giselle”, apunta a su lado su marido y director del Museo del Ballet de Cuba, Pedro Simón, se representará en una sola ocasión, el 2 de noviembre, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, en el 70 aniversario de la primera representación de esta obra que la bailarina cubana hizo en Nueva York.

Alonso ha confesado que, cuando empezó en el mundo del ballet en Cuba, no podía bailar en los escenarios y fue cuando decidió marchar a Estados Unidos: “Yo quería bailar los clásicos con un tutú puesto”, dice antes de preguntar sobre el origen de esta palabra.

Pedro Simón aclara que “no está muy claro el origen de esta palabra, pero se continúa investigando”, e inmediatamente Alonso repone entre risas: “Cuando termine la investigación, yo estaré en el planeta Marte”.

La versión que el Ballet Nacional de Cuba y Alonso ofrecen de “El lago de los cisnes” es, en palabras de la propia coreógrafa, “más clara, ligera y menos pesada que la mayoría, aunque sin traicionar el espíritu del original”.

Se trata de una versión más sintetizada que otras producciones, en la que “se acentúa el estilo de los bailes, se libera la obra de cosas superfluas, como la pantomima antigua, pero sin traicionar el estilo de la época y la obra originales, todo para hacerla más asequible al público actual”, aclara Simón.

Alonso recuerda con emoción su primera actuación en 1957-58 en la extinta Unión Soviética, donde se convirtió en la primera bailarina occidental que trabajaba en el país comunista: “Era el país número uno en el ballet y actuar allí era como enfrentarme al lobo, tratar de asustarlo y que se fuera, y creo que lo conseguí”.

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