Por primera vez, investigadores en la Universidad Carnegie Mellon han conseguido leer las emociones que sienten las personas aplicando patrones neuronales obtenidos con una máquina de resonancia magnética funcional
 Por Glenys Álvarez

(Editora de Neutrina: http://editoraneutrina.com/Editora_Neutrina/Neutrina.html)

Imagen de cerebro Feliz y Triste cortesía de Carnegie Mellon

 

Santo Domingo. Hace mucho que confiamos en las máquinas para un sinnúmero de funciones; desde la industria hasta la medicina. Hemos ideado aparatos para saber si una persona está mintiendo o no, para observar actividad cerebral de acuerdo a lo que hacemos; de hecho, uno de estos aparatos fue llamado “lector mental” ya que era capaz de saber en qué objeto estaba pensando el individuo con tan sólo observar la actividad neuronal en el cerebro.

Sin embargo, las emociones han representado un paso más complicado. En primer lugar, los investigadores notaron enseguida que a la gente no le gusta reportar sus sentimientos de forma honesta; por otro lado, a veces ni siquiera son conscientes de muchas respuestas emocionales. Más aún, cuando los investigadores conducían análisis para observar emociones, se dieron cuenta que poner el mismo video repetidamente para suscitar una emoción, perdía valor con las veces que era visto por la persona, lo que influía en los resultados obtenidos.

 

Fue entonces que Karim Kassam, autor principal del estudio, tuvo una efectiva idea: usar actores.

“Conseguimos un gran avance cuando mi colega Kassam tuvo la idea de usar actores ya que tienen experiencia en pasar por distintos estados emocionales. En ese sentido, tuvimos suerte ya que la Universidad de Carnegie Mellon tiene una magnífica escuela de teatro”, expresó George Loewenstein, profesor de Economía y Psicología en la universidad.

Pero otro problemita surgía en la investigación. Los científicos querían asegurarse de que estaban realmente midiendo emociones que ocurren “naturalmente” y no que la persona las está induciendo, algo que ocurre con los actores, así que diseñaron una segunda fase en el experimento.

 

En la primera fase, los cerebros de diez actores eran escaneados mientras veían las palabras: asco, envidia, rabia, felicidad, miedo, orgullo, tristeza, deseo y vergüenza. Cada vez que leían una de estas palabras debían asumir la emoción que ellas inspiran. En la segunda fase, a los actores se les mostraban unas imágenes neutras y otras repulsivas que no habían visto antes.

 

“El modelo computarizado para analizar los patrones de activación fMRI, había aprendido los patrones de expresiones autoinducidas con las palabras presentadas y fue capaz de identificar correctamente el contenido emocional de las fotos que estaban viendo con la actividad cerebral de los espectadores”, expresó Kassam.

Pues bien, para identificar emociones en el cerebro, los científicos compararon los resultados de los primeros patrones de emociones inducidas con los segundos. Luego tomaron los resultados de los análisis de la primera fase para adivinar por cuáles emociones estaban atravesando mientras veían las imágenes, la máquina era capaz de determinar si la persona sentía asco el 80% de las veces.

“Finalmente, aplicamos los análisis de los patrones de activación neural de todos menos uno de los participantes para predecir las emociones experimentadas por este participante. Esto responde una pregunta importante: si tomamos un nuevo individuo, lo ponemos en el escáner y lo exponemos a un estímulo emocional, ¿con qué precisión podríamos identificar su reacción emocional? En este caso, el modelo logró una precisión de 0.71, muy por encima del nivel de contingencia de 0.50”, señaló Amanda Markey, estudiante de doctorado en la universidad y miembro del equipo. “A pesar de las diferencias psicológicas entre personas, diferentes individuos tienden a codificar emociones neuronales en formas muy similares”.

 

En promedio, el modelo fue mejor identificando la felicidad y menos preciso en la envidia. Rara vez confundía emociones positivas y negativas, lo que sugiere que tienen firmas neuronales distintas. Y, era menos probable que identificara erróneamente al deseo con cualquier otra emoción, lo que sugiere que la lujuria produce un patrón de actividad neural distinto de todas las otras experiencias emocionales.

“Hemos encontrado que hay tres factores organizadores principales que sustentan las firmas neuronales de la emoción; estos son: la valencia positiva o negativa de la emoción, la intensidad, leve o fuerte, y su sociabilidad, es decir, la participación o no de otra persona. Así es cómo se organizan las emociones en el cerebro”.

En el futuro, estos patrones serán usados para identificar emociones suprimidas y la combinación de emociones que se sienten simultáneamente, como esa mezcla de alegría y envidia que sentimos “cuando escuchamos lo bien que le ha ido a un buen amigo”, escriben.

 

 

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