La Voz de Rusia. El astrobiólogo británico O´Malley-James considera que la vida en la Tierra existe hace ya dos mil millones de años. Según su modelo informático, toda la flora, y a continuación de ella, la fauna, se extinguirá dentro de mil millones de años. En los mil millones de años siguientes las amas del planeta serán las bacterias, las que también perecerán a continuación.

Fin del mundo
A medida que envejece el Sol, el torrente que irradia de energía irá creciendo y por consiguiente el calor en la Tierra. Pero el británico insiste en que disminuirá el contenido de gas carbónico. Y he aquí las razones: debido al calentamiento del suelo se intensificarán los vientos y como consecuencia de la evaporación intensa de la humedad serán más frecuentes las lluvias. Las capas geológicas comenzarán a erosionarse intensivamente dejando al descubierto el silicio que devorará el gas carbónico de la atmósfera. La otra parte de dióxido de carbono será absorbido por el agua de la lluvia. Debido a la escasez de dióxido de carbono se alterará la fotosíntesis de las plantas, las que perecerán y, sin flora, perece también la fauna. El científico calcula en mil millones de años el transcurso de esta cadena de hechos. En los mil millones de años siguientes, la biósfera consistirá solo en bacterias que viven en los residuos salados calientes de los océanos y en las cavernas. Se secarán también, finalmente, todos los embalses de agua.
La fotosíntesis de las plantas se interrumpirá realmente, pero por otra razón objeta Natalia Ryazánova, geoecóloga y candidata en Geografía:
-Con la elevación de la temperatura, la velocidad de la fotosíntesis de la flora aumenta solo hasta un cierto límite. Con una temperatura superior a los cuarenta grados, la fotosíntesis en muchas plantas se interrumpe, como mínimo, pero cuando llega a los cincuenta y más ese proceso termina en todas las plantas.
Natalia Ryazánova no está segura de que el gas carbónico vaya a ser menor algún día. Aquello es difícil siquiera imaginar, debido a que la tendencia es de momento a todas luces contraria. A fin de cuentas, el exceso dióxido de carbono nace incluso bien para las plantas, aunque para los animales y el hombre puede resultar mortal, añade la geoecóloga:
-El dióxido de carbono oprime en gran cantidad los centros de la respiración, y posiblemente paralice las funciones vitales del ser humano. Se puede esperar que el aumento de su cantidad repercutas letalmente en la mayoría de las especies de la fauna.
 Los escenarios climáticos de los autores del Instituto Tecnológico de California tienen en cuenta no la disminución sino el aumento de la concentración de dióxido de carbono y de otros gases de invernadero. Según sus previsiones, los seres humanos hervirán dentro de mil cien millones como consecuencia del potentísimo efecto de invernadero, como el que se registra en Venus. Una buena noticia será tan solo que, cuando el Sol comience a hincharse y a convertirse en un gigante rojo, comenzará a aumentar en decenas de veces y abarcará Mercurio y Venus y sus órbitas, pero no alcanzará, sin embargo, la de la Tierra.
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