Si se refiere al 10% de las regiones del cerebro, es una afirmación fácil de refutar.

Usando una técnica llamada imagen por resonancia magnética funcional, los neurocientíficos pueden poner a alguien en un escáner y ver qué partes del cerebro se activan cuando hacen o piensan en algo.

Una simple acción, como cerrar y abrir el puño de la mano o decir unas pocas palabras requiere de la actividad de mucho más de una décima parte del cerebro. Incluso cuando se supone que no se está haciendo nada, el cerebro está haciendo mucho, ya sea controlando funciones como respirar y el palpitar del corazón, o recordando cosas por hacer.

 

 

 

 

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Nada ocioso

Incluso al dormir, el cerebro se mantiene activo, como muestra esta imagen de la actividad al soñar.

Quizás el 10% se refiere al número de células del cerebro.

Pero de nuevo, no computa.

Cuando cualquier célula nerviosa se deja de usar se degenera y muere o es colonizada por otras áreas vecinas. Sencillamente, no permitimos que las células del cerebro estén ociosas. Son demasiado valiosas.

Por otro lado, si bien es cierto que la naturaleza a veces es misteriosa, evolucionar para tener un cerebro diez veces más grande de lo necesario sería muy extraño, particularmente teniendo en cuenta que su gran dimensión es tan costosa para la supervivencia, pues puede causar obstrucciones y la muerte de la madre durante el parto.

Además, el cerebro necesita muchos recursos: mantener el tejido cerebral vivo consume 20% del oxígeno que respiramos, según el neurocientífico cognitivo Sergio Della Sala. (2)
De dónde salió

El cerebro consume el 20% del oxígeno que respiramos.

¿Cómo puede una idea sin fundamento biológico ni fisiológico expandirse por todos lados?

Es difícil rastrear la fuente original.

El psicólogo y filósofo estadounidense William James escribió en el libro “Las energías de los hombres” que hacemos “uso solamente de una pequeña parte de nuestros posibles recursos mentales y físicos” (3). Era optimista y pensaba que la gente podía lograr más, pero él no se refiere al volumen del cerebro ni a la cantidad de las células, tampoco da un porcentaje específico.

La cifra del 10%  mencionada en el prólogo de la edición de 1936 del popular libro de Dale Carnegie “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”, y a veces hay gente que dice que Albert Einstein fue la fuente. No obstante, Della Sala ha tratado de encontrar esa cita y ni siquiera los que trabajan en el archivo de Albert Einstein la han podido hallar. Así que parece ser otro mito.
Zona gris
Hay dos fenómenos que quizás expliquen el malentendido.

Nueve de cada diez células en el cerebro son lo que se denomina neuroglias o células gliales, que son células de apoyo y proveen asistencia física y nutricional al otro 10% de las células, las neuronas, que se encargan de “pensar”.

Así que quizás la gente oyó que sólo el 10% de las células se ocupa del trajín duro y asumió que se podían aprovechar las neuroglias también. Sólo que esas células son totalmente distintas y no se podrían de repente transformar en neuronas para darnos más potencia mental.

El 10% piensa, el 90% ayuda a pensar.

Hay, no obstante, un grupo de pacientes cuyos escáneres revelan algo extraordinario.

En 1980, un pediatra británico llamado John Lorber mencionó en la revista Science (4) a unos pacientes con hidrocefalia que tenían muy poco tejido cerebral y sin embargo podían funcionar. El caso, sin embargo, no demuestra que el resto de nosotros podemos usar nuestros cerebros más de lo que lo hacemos, sino que esas personas se habían adaptado a circunstancias extraordinarias.

Es cierto, claro, que si nos lo proponemos podemos aprender nuevas cosas y cada vez hay más evidencia en el área de plasticidad neuronal, que muestra que eso cambia nuestro cerebro. Pero no es que estemos explotando un área nueva del cerebro. Creamos nuevas conexiones entre las células nerviosas o perdemos viejas conexiones cuando ya no las necesitamos…

Este mito, como la mayoría de los mitos, ha sido repetido miles de veces en diferentes contextos y sin embargo es totalmente falso,

Conozcamos un poco más en profundidad cómo se ha originado y propagado el mito de que los seres usamos sólo un 10% de nuestro cerebro, y cómo los científicos han logrado revelar la verdad al respecto.

El origen del mito

Existe una frase atribuida a Joseph Goebbels que dice que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, por fortuna no siempre ocurre así, ya que los seres humanos seríamos bastante tontos y torpes si anduviéramos por la vida usando solo el 10% de nuestro cerebro.

El momento específico en el que se originó este mito se ha perdido a lo largo de la historia, sin embargo ha sido repetido hasta el cansancio en los medios de comunicación, por los parapsicólogos y, lo peor de todo, hasta por algunos científicos.

Probablemente el origen se remonte hacia finales del siglo XIX a partir de unos folletos de autoayuda que realizaban esta afirmación y también a una supuesta frase que Albert Einstein contestó a la periodista de un diario, quien preguntaba por su gran inteligencia, y a la que le contestó que sólo utilizaba un 10 por ciento de su cerebro.

El neurólogo Barry Gordon en la Universidad Johns Hopkins School of Medicine en Baltimore, indicó a la revista Scientifc American, que este mito es totalmente falso, y que no sólo ha perdurado gracias a los parapsicólogos y a los medios de comunicación, sino también a la propia percepción que los seres humanos tenemos de nuestros cerebros, por los errores que cometemos, la cosas que olvidamos, las dificultades de aprendizaje, etc.

John Henley, neurólogo de la Mayo Clinic in Rochester, Minnesota, afirmó que la mayor parte del día utilizamos el 100 % de nuestro cerebro, incluso mientras dormimos.

Henley afirma también que pueden existir cerebros que a causa de un accidente o una lesión no funcionan normalmente y tal vez existan actividades que las personas no pueden realizar, como caminar, hablar, aprender, memorizar, etc.

Esta es una de las pruebas que refutan el mito, ya que cualquier pequeño accidente cerebral, o el abuso de algunas sustancias que aniquilan neuronas, pueden ocasionarnos lesiones con graves consecuencias.

Nuestro cerebro está dividido en zonas, a grandes rasgos podemos decir que a cada una le corresponde una función vital diferente. La parte más grande e importante es la que se denomina cerebro fuerte, al cual le corresponden las funciones cognitivas superiores; al cerebelo le corresponden las funciones motoras, como la coordinación y el equilibrio; finalmente el tronco cerebral está más abocado a lo que son las funciones involuntarias, como la respiración. Para el funcionamiento normal de nuestro cuerpo es totalmente necesario que todas las partes, trabajen a la vez y por lo tanto no sólo un pequeño porcentaje.

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