Por José Tejada Gómez
SANTO DOMINGO. Yo, en ningunas de mis declaraciones he criticado nada de Acroarte aun, ni he compartido críticas que se les hayan hecho a la institución y sus directivos con las que no esté de acuerdo.
Yo y quienes me apoyan nos hemos limitado a proponer soluciones,  a explicar nuestros planes y a decir cómo los ejecutaríamos, siempre con un trato respetuoso a la entidad y a sus directivos, muy en especial a su presidente Feliz Vinicio Lora.
Y eso es lo que nos ha permitido crecer en dos o tres semanas en la simpatía de los miembros de Acroarte en el país, Miami y Nueva York, ante quienes enquistados en Acroarte que siempre anda en campaña electoral.
Proponer soluciones, plantear una visión de futuro de Acroarte es lo que nos ha permitido ir rompiendo con los planes de comprometer de manera mecánica a los miembros de la filial de Santiago con una propuesta que al decir de mucho “es peor que lo mismo”.
He tenido que soportar los más ridículos ataques soterrados de quienes antes me buscaban y me halagaban para que los apoyara en sus aspiraciones. Ahora que he decidido ejercer un derecho me doy cuenta de sus planes, pues soy –según ellos- un retroceso, desfasado, quien ya no forma parte de la élite de los “editores de espectáculos” que deben dirigir a esa entidad. Equivocados están.
Peor aun, han hasta usado ese supuesto poder de editores –hablo de dos o tres- para intimidar a jóvenes que se ganan la vida en las relaciones públicas a artistas, advirtiéndoles que si me apoyan a mí y no a ellos, no le van a colocar sus notas de prensa en los diarios cuyas páginas dirigen, sometiéndolos a una humillación vergonzante, como conozco ya varios casos.
Claro, no todos se han rendido ante ese chantaje y han decidido apoyarme no por otro motivo que no sea el que se han convencido que en Acroarte las cosas pueden mejorar, que hay soluciones para ciertos males y que quienes nos adversan no tienen propuestas para edificar el futuro de esa entidad.
Cierto, no tengo el poder que dicen tener los dos o tres editores, ni lo procuro, que ellos me podrían avasallar, negarme el derecho a expresarme en las páginas que controlan en esos medios, -que por cierto no son de ellos-, pero por suerte tengo la lealtad de mucha gente que me respeta y admira en el periodismo, entre ellos Alfonso Quiñónes, Severo Rivera y José Antonio Aybar, y quienes trabajan juntos a ellos, que me cubren la retaguardia frente a prácticas periodísticas y gremiales que desdicen de la profesionalidad.
Tengo también sostenido respaldo de los medios digitales, que difunden mis ideas, las cuales no han podido ser bloqueadas por los dos o tres editores desesperados ante el avance de nuestra propuesta en Acroarte, y quienes deben de entender que las elecciones de una entidad no se ganan con maquinaciones y triquiñuelas.
Yo represento, y quienes me apoyan, una visión de las dos que se debaten en Acroarte, dos visiones que tienen implicaciones de distintas índoles. Nosotros estamos exponiendo la nuestra, a ellos que expongan las suyas. Y que los miembros de la entidad se hagan el juicio.
Tengo décadas en el gremialismo y he batallado en terrenos difíciles y cuento con el apoyo de la gente más consciente y comprometida con Acroarte, incluyendo compañeros y compañeras cronistas que guardan silencio para no ser víctimas de retaliaciones de la denominada élite de editores.  Ese avance que decreta una victoria segura nuestra tiene desesperados a nuestros adversarios que a lo mejor pensaban que tenían el control de la decisión de los miembros de Acroarte comprometida.
 

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