Barcelona, 10 abr (EFE).- Cada vez que muere una actriz como Liz Taylor se oyen voces ditirámbicas afirmando que era “la última” estrella de la época dorada de Hollywood. Exageraciones quizás, pero la verdad es que son pocos -Kirk Douglas, Olivia de Havilland, Lauren Bacall…- los miembros del “star system” clásico aún vivos.

El cine tuvo rutilantes mitos -Gloria Sawnson, Charlot, Valentino-, pero logró su plenitud industrial entre finales de los años 30 y mediados de los 50 con el sistema de los estudios a pleno ritmo, antes de que la ley antimonopolio acabase con aquella fábrica de sueños y la televisión se convirtiera en el juguete favorito.

“Decir que con la muerte de Taylor se cierra una época no es exagerado porque fue un tipo de estrella siempre expuesta, desde niña, por sus amoríos, sus adicciones…”, asegura a Efe el catedrático emérito de la UAB y experto en mitos e iconos Román Gubern.

El catedrático no resta, sin embargo, valor a otras ilustres “supervivientes” como Olivia de Havilland (1916), la “Melania” de “Lo que el viento se llevó”, y su hermana Joan Fontaine (1917), protagonista de “Rebeca”.

Con sus poco más de cien años, el cine es un arte joven y ahora ve desaparecer a los miembros más jóvenes de aquel parnaso clásico.

Los primeros en “irse” fueron los veteranos: Humphrey Bogart (1899-1957), Clark Gable (1901-60), Gary Cooper (1901-61), Joan Crawford (1905-77), John Wayne (1907-79), Greta Garbo (1905-90), James Stewart (1908-97), Cary Grant (1904-86), Bette Davis (1908-89) o Katherine Hepburn (1907-03).

De la generación posterior -con el inevitable riesgo de estas listas nunca del todo exhaustivas-, quedan las citadas Havilland y Fontaine o Kirk Douglas (1916), que en los últimos Oscar demostró que le queda algo de la energía de “Espartacus”.

Hace años que crían malvas mitos nacidos entonces: Rita Hayworth (1918-87), Ingrid Bergman (1915-82), Orson Welles (1915-84), Burt Lancaster (1913-94) o Robert Mitchum (1917-97), y más recientemente la indómita pareja de “Duelo al sol” Gregory Peck (1916-2003) y Jennifer Jones (1919-2009).

El goteo de “fundidos en negro” fue inflexible con un grupo que por edad podría formar una entrañable cuadrilla de viejecitos. ¿Cómo sería Marilyn Monroe (1926-1962) con 85 años? Mejor no pensar, dice Pere Vall, redactor jefe de Fotogramas, revista decana del sector.

“Nunca lo sabremos. Marilyn o James Dean nos dejaron su brillo, no su decadencia, aunque podamos especular con que sus estrellas se habrían apagado, como la de todos”, asegura Vall, que entiende que se están yendo los últimos de la nómina de un sistema de estudios “donde más que a ser actor, se les ensañaba a ser una estrella”.

Lauren Bacall (1924), debutante con 20 años en “Tener y no tener”, es una de esas estrellas de los veinte -junto a la risueña Doris Day (1924) o el eterno niño Mickey Rooney (1920)-, a la que todavía se le pueden hacer homenajes en vida.

Algunos casi ni cobraron la pensión: Monty Clift (1920-66), Judy Garland (1922-69), Grace Kelly (1929-82), Rock Hudson (1925-85), Ava Gardner (1922-90); otros fueron un poco más longevos: Jack Lemmon (1925-2001), Marlon Brando (1924-04), Tony Curtis (1925-2005), Deborah Kerr (1921-2007) o Paul Newman (1925-2008).

Gubern apunta que, en general, aquellos actores llevaron una vida pública agitada, lo que explicaría que no alcanzasen una edad más provecta, sólo lograda por quienes se apartaron a tiempo de las pantallas o alcanzaron cierta tranquilidad doméstica.

Los que vieron la luz en los treinta no tuvieron tanto peso en la época dorada de Hollywood. Además de Taylor, otros que vivieron los estertores del sistema de estudios fueron Kim Novak (1933) o Shirley Mclaine (1934), o un James Dean que se esforzó en dejar un bonito cadáver (1931-1955).

Europa aporta nombres a esta lista de estrellas que aún brillan: Sofía Loren (1934) y Gina Lollobrigida (1927).

“El cine es una profesión dura, la cámara te come y hay pocos que hayan hecho cine hasta el final”, remarca Pere Vall, que no se olvida de veteranísimos secundarios como los “malos” Ernest Borgnine (1917) o Eli Wallach (1915) aún en activo, “al pie del cañón, como en los cincuenta”.

Gubern afirma que, evidentemente, hoy hay “famosos de cine”, de hecho más populares para la mayoría del público, pero que difícilmente tendrán el brillo intangible que desprendían los astros de aquella época que tuvo su paradigma en la MGM, el gigantesco estudio que tuvo como eslogan: “Más estrellas que en el cielo

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