JUAN TH.
SANTO DOMINGO.Era evidente el triunfo de Hipólito Mejía sobre Miguel Vargas.  La mayoría de las encuestas así lo decían. Y el grito de la gente en las calles lo confirmaba. Miguel también lo sabía. Y Pacheo, Neney, Andy, Orlando, Virgilio, Andrés. Hasta Angelita lo sabía. Cada día la ventaja era mayor.  Por eso la Convención no podía retrasarse una o dos semanas más como habría sido lo prudente.   Ante esa realidad  se elaboró un plan para comprar la Convención.
Con ese propósito se distribuyeron millones  de pesos para la compra de votos  en patios, calles, callejones  y hasta en las propias mesas electorales.  Se utilizó la cadena a través de los teléfonos celulares, se intimidó a los votantes, se robaron urnas, se produjeron acciones militares en centros de votaciones. El país no sabe de lo que fueron capaces  para comprar la Convención.
Pero no pudieron.  La vergüenza pudo más que el dinero.  No pudieron comprar la dignidad de la gente que en masa acudió a las urnas para darle el triunfo a Hipólito. No valieron las amenazas de matar, de agredir, de maltratar. No valió el dinero. ¡La vergüenza pudo más!
Ahora, los que no pudieron comprar la Convención, se  la quiere robar, a plena luz del día, ante los ojos de todos. Pero no podrán robársela. Las bases del PRD lo impedirán de la misma manera que impidieron que fuera comprada.
Como no pudieron comprar ni robarse la Convención, ahora quieren chantaje para que les den lo que no ganaron. Ahora quieren al PRD hasta el 2017, la vicepresidencia de la República y la mitad de un eventual gobierno.
Al parecer más de uno ha perdido el sentido común. Muchas de las acciones de los últimos días demuestran un desequilibrio emocional que debe ser tratado urgentemente por expertos en la conducta humana para que no sigan  haciéndose daño a sí mismos, ni le sigan haciendo daño al PRD. ¡Y si alguien necesita una camisa de fuerza, que se la pongan!
Los que le han negado el triunfo a Hipólito, los que tozudamente impiden que el PRD vuelva al poder porque tienen sus problemas económicos resueltos de por vidas,  están poniéndole fin a sus carreras políticas en el PRD.  Los compromisarios de los desmanes que se están cometiendo no pueden tener espacio en el PRD.
La práctica gansteril debe ser desterrada  de una vez y por todas de la política. Esta es la ocasión de limpiar, de producir una profilaxis. Es el momento de “desgarrapatizar” al PRD, de acabar con la cultura del que no gana arrebata.
El que no entiende por las buenas, que lo haga por las malas. Es hora de que las bases del PRD reclamen su triunfo y su derecho a volver al poder para producir los cambios que necesita el país.
No creo en la unidad sobre la base del chantaje y la extorsión, de la  repartición del Estado como si fuera un botín de guerra de mercenarios. No creo en la unidad de piratas y filibusteros del Caribe para saquear las riquezas del país.
El PRD es el partido del  pueblo, de la libertad y la justicia. Es el partido de los de abajo, de los que necesitan pan y dignidad, educación y salud. El PRD es, o debe ser, el partido del pueblo, y para el pueblo. De lo contrario no tiene razón de ser.
Para enfrentar la camarilla del presidente Fernández es necesaria la unidad del pueblo a través del PRD. No hay otra fuerza política capaz de aniquilar el gobierno corrupto  y vende patria de Leonel y el PLD que el PRD, bajo la conducción de su candidato presidencial  Hipólito Mejía.
¡El que perdió, perdió! ¡Hipólito ganó en buena lid! ¡Hipólito es incapaz de hacer fraude! ¡El país lo sabe!  ¡Miguel también!
PD: No soy vocero de nadie. Asumo, con todas sus consecuencias,  lo que digo y lo que escribo. Nadie me manda, nadie me ordena. Soy un libre pensador. Y así moriré.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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