POR JUAN TH. SANTO DOMINGO. El cuadro puede servir de marco a una obra de arte de la Monarquía del Caribe del Siglo XXl.
El Monarca, Rey,  Faraón o Dictador, sentado en el centro. A su derecha la Reyna, a la izquierda, el joven sucesor. El culto a la personalidad de lacayos, pusilánimes, marionetas y mequetrefes hace recordar tiempos superados por los dominicanos hace más de 50 años.   Tal vez sea una pena que no estén de modas las estatuas para colocarlas en las oficinas públicas y en los parques de recreo. Pero igual están las vallas que se colocan en cada esquina y en cada carretera. Igual están las fotos enmarcadas en los ministerios y en los cuarteles. Su prensa lo resalta todos los días hasta en los deportes. (En su impresionante Fundación Global tiene una cancha de baloncesto en tabloncillo, con aire acondicionado, al estilo NBA, de Estados Unidos. No puede ser de otro modo. Lo suyo es siempre lo mejor, lo más caro, lo más hermoso, lo más espectacular. El es el más inteligente, el más brillante, el intelectual más acabado, el mejor orador, el mejor amante. El es el mejor en todo. Pronto será miembro destacado de la Academia de la Lengua, de la Historia y de todas las demás academias. Rector Magnifico de todas las universidades del país. Cuando muera, si es que muere, lo embalsamaran como a Lenin y lo exhibirán durante mil años en el Palacio Nacional. Su cerebro será objeto de estudios profundos de los investigadores más reputados del mundo por tratarse de un caso único en la historia de la humanidad).
Mantener su imagen viva y bondadosa en las mentes y en los corazones de todos los ciudadanos  requiere de una inversión de miles de millones de pesos, porque las emisoras, los canales de TV, los periódicos, los periodistas, publicistas y asesores,  tanto extranjeros como  locales, no lo hacen por amor al arte. Mucho menos por amor al Monarca.
Los bufones de la corte imperial aseguran que reunieron más de dos millones de firmas. Me lo encuentro poco para alguien que ha hecho tanto, que se ha sacrificado tanto,  que ha convertido este país en una potencia, con un crecimiento económico superior a la mayoría de las naciones del mundo. Debieron firmar 20 millones de dominicanos aunque nada más seamos diez millones. Si, debimos firmar todos, primero con la mano derecha, luego con la mano izquierda. De ese modo nadie tendría duda del respaldo del Monarca, del amor que sentimos por él y por la familia Real.
El Monarca debe ordenar que el acto del domingo se repita, pero con más bufones y más payasos para que podamos reírnos más y mejor. Y llenar todo el Palacio de los Deportes de carritos con las 20 millones de firmas. Como la isla pronto será “una e indivisible”, que se monte un acto paralelo en Puerto Príncipe, transmitido a todo el mundo vía satélite,  con la firma de diez millones de haitianos, lo que sumaría 30 millones de firmas implorándole al Monarca que se mantenga en el Trono por los siglos de los siglos.
El Monarca es el Supremo, el Imprescindible, el Elegido, el Mesías,  Pluscuamperfecto. A su paso debemos arrodillarnos y besar el anillo de su mano izquierda.
La República Dominicana no se concibe sin este Monarca luminoso que nos ha conducido por los caminos de la paz y el progreso. En tal sentido, ya es tiempo de cambiarle el nombre otra vez al país. ¡Que le pongan el nombre del Monarca! ¿Verdad bufones, lacayos y payasos del circo que él se lo merece? ¡E pa’lante que vamos!

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