27 de marzo 2011.-En verdad, yo soy el retroceso en Acroarte, y con orgullo siempre lo he sido.
Cuando me instalé como presidente en el 1987, sin patrocinio ya, porque Barceló se había retirado,  lideré las gestiones y negociaciones para que Cervecería Nacional Dominicana pasara a ser patrocinador de los premios Casandra.
Esa directiva, encabezada por mí, transparentó el acto de premiar a los artistas: Por primera vez el voto fue secreto, por primera vez se votó en cartillas, las que se depositaron en una urna; por primera vez un notario tomó posesión de ella, por primera vez ese el notario abrió las urnas ante el Consejo Directivo y dos delegados designados por la asamblea de Acroarte, y por primera vez de testigo de excepción en ese acto había un familiar de Casandra Damirón. Fue un acto de transparencia nunca visto, y así comenzó mi retroceso en Acroarte.
Cuando regresé a la presidencia de Acroarte en el 1997, la directiva que encabecé reorientó el rumbo: Organizó un seminario de dos días en el Hotel Lina, donde definimos la misión y visión de Acroarte, bajo el padrinazgo de la Universidad Católica de Santo Domingo y Estrategia S.A. de Herminio Alberti, dándole una sustentación institucional a Acroarte.
Organizamos, luego, un taller para definir las categorías y los criterios de los premios Casandra para lo cuales consultamos a maestros del teatro, música popular y clásica y a técnicos de la televisión. Promovimos la creación del Consejo de asesores, integrado por ex presidentes y miembros fundadores de Acroarte y les asignamos la tarea de seleccionar los reconocimientos por méritos o trayectoria que se hacían en los premios Casandra y en El Soberano. (En los últimos periodos al Consejo de Asesores solo se le ha dado participación en la elección de El Soberano, lo que para algunos supongo eso constituye un avance).
Agrego que todos los miembros participaban del “retroceso” liderado por quien escribe en busca de la definición institucional necesaria de Acroarte.
He sido, junto a otros miembros, un promotor de la alternabilidad en Acroarte, fortaleciéndola institucionalmente, lo que ha hecho posible que otros distinguidos miembros llegaran presidirla.
Cuando se presentó la crisis por el nombre de los premios Casandra entre Acroarte y la Cervecería Nacional Dominicana estuve allí, en las negociaciones, destrabando nudos y buscando soluciones. Los directivos de entonces liderado por Miguel A. Rivera, que me invitaron a ser parte de los negociadores conocen la historia, y saben de mi participación en las negociaciones y sus resultados. Y los miembros de nuestra meritoria asociación habrán de recordar que me tocó leer el documento que sellaba el arreglo entre ambas instituciones, pues estaba entre sus redactores.
Por ser el “retroceso” que soy en Acroarte, gran parte de quienes la han presidido han  acudido a mí para que los apoye, lo que he hecho con mucha lealtad, sin que por ello haya pasado factura a nadie ni haya pretendido ser el poder “detrás del trono”.
Y con orgullo afirmo que prefiero representar el “retroceso” porque lo que más me inquieta es el miedo de que Acroarte deje de ser una institución regida por reglas y normas, y pase a ser un grupo de gente que actúa al margen de la transparencia.
Aspiro a que una mayoría de miembros nos unamos en torno a un plan que fortalezca institucionalmente a Acroarte, que propicie la integración de todos y descentralice las decisiones, que no margine, que reduzca el sentimiento grupal y sectario y la perfile como una entidad que no solo se dedica a premiar a los artistas.
Promuevo además, un relanzamiento de los premios Casandra, para lo cual nos planteamos revisarlo todo, desde los reglones, las categorías, los criterios, forma de monitoreo y evaluación y votación. Promuevo que la tecnología debe de estar al servicio de ese proceso.
A los que creen que todo anda bien en Acroarte, a quienes busquen votos sin un plan a manos, sin propuestas ni ideas claras de lo que harían, que se declaren  representantes del “avance y el progreso”  que en cambio yo, y visto lo expuesto, con orgullo rescato que encarno el “retroceso”.
Además, no puedo negar que lo sea, pues en las asambleas en que he participado en Acroarte, a los miembros presentes les ha quedado claro que represento el “retroceso’.
(Los invito a estar pendiente a plan de trabajo del Movimiento por la Institucionalidad y el Cambio en Acroarte, en el que expondremos hacia donde orientaremos a esa entidad en el futuro inmediato)

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