POR JUAN TH.
SANTO DOMINGO.Miguel Vargas está derrotado. Y lo sabe. Su actitud es la de un perdedor, de alguien que sabe, a ciencia cierta, que no triunfará en las elecciones de su partido donde se escogerá el candidato a la presidencia de la República. No hay nada, absolutamente, que impida su derrota.
Miguel no será candidato presidencial del PRD.  ¡Estoy convencido cien por ciento!
No importa cuánto dinero invierta en lo que resta de campaña, no ganará. El dinero no comparará el triunfo.
El que afirma tener más de un 80% de simpatías no ordena una campaña sucia contra nadie y menos contra un adversario al que no le daba mayor importancia por estar muy reducido en las encuestas;  ni gasta cientos de millones de pesos en radio, televisión y prensa escrita; ni busca ventajas en la Comisión Organizadora de la Convención, sino equidad y respeto para que la victoria no sea cuestionada.
El victorioso no anda desesperado comprando conciencias ni voluntades, ni mucho menos ordenando que los empleados de los ayuntamientos que no sean de su grupo sean cancelados o reprimidos como está sucediendo, ni obliga empadronamiento en esos cabildeos para mostrar un apoyo que no tiene.
El anuncio en rueda de prensa, con bombos y platillos, de ofrecer millones de pesos a los militantes del PRD donde Miguel Vargas obtenga un alto porcentaje de votos es una muestra de la degradación ética y moral a que ha llegado la actividad política.
Nunca, en toda la historia democrática del país, ningún aspirante a la nominación presidencial de ningún partido había llegado al colmo de ofrecer dinero públicamente a los militantes de su partido para que voten a su favor. ¡Eso no tiene precedente!
Ofrecer dinero a los compañeros de su propio partido para que voten por un candidato es la mayor prueba de que ese candidato está derrotado, de que no cuenta con respaldo popular, y lo quiere comprar. Cancelar infelices trabajadores de los ayuntamientos porque no simpatizan con la candidatura de Miguel es otra prueba de su falta de apoyo popular. Miguel está desesperado, no sabe qué hacer. No se da cuenta que hay cosas que el dinero no puede comparar.
¿Con qué calidad moral se puede criticar al gobierno de Leonel Fernández cuando utiliza los recursos del Estado para reelegirse o reelegir a los suyos? ¿Con qué calidad moral se puede criticar la corrupción que no sólo es pública, sino también privada?
Leonel Fernández utiliza los recursos del Estado, pero Miguel Vargas, ¿de cuáles si no está en el gobierno?
Hipólito Mejía ha dicho en varias ocasiones que de perder las elecciones internas en buena lid al día siguiente está tirado en la calle apoyando la candidatura de Miguel Vargas. Pero Miguel no ha dicho lo mismo. Me temo que Hipólito, que sin duda será el ganador, no recibirá el respaldo que merece de su opositor interno. Y no sé, lo digo sinceramente, si eso es bueno o es malo. No me lo pregunten porque la respuesta seguramente no les gustará mucho. El entorno que rodea a Miguel me produce terror de solo pensar en la lejana posibilidad de verlo en el gobierno. Sería peor que el terremoto que arrasó en Haití.
Creo que la Comisión Organizadora de la Convención, que tiene un mandato del Congreso José Francisco Peña Gómez y del Comité Ejecutivo Nacional, no puede seguir siendo un testigo de cera ante lo que está ocurriendo en el PRD a propósito de las elecciones internas. La Comisión tiene que actuar con responsabilidad, sin miedo. En sus manos está la suerte del PRD y de algún modo la del país aunque sea coyunturalmente. Los  miembros de la Comisión que tengan miedo se que se compren un perro prieto o renuncien. Pero lo que intenta hacer Miguel Vargas y su grupo es inaceptable.
A unas elecciones se va a ganar o a perder. El voto libre y soberano de los electores decide quién gana y quién pierde. No el dinero, ni el fraude los que deben  determinar quién gana y quién pierde. La transparencia y la participación democrática de los perredeístas garantizan la unidad. No es de otro modo.

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