Redacción Internacional, 28 dic (EFE).- Hay viajes y viajes, y el que organiza el suizo Florian Henckel-donnersmarck es, sin duda alguna, uno de esparcimiento, lujo y placer. ¿Qué mejores compañeros en este “tour” que Johnny Depp y Angelina Jolie? “The Tourist” se podría anunciar como una excursión ideal para mentes poco exigentes.

Henckel-donnersmarck venía de un recorrido por las profundidades de un espía de la Stasi en la excepcional “La vida de los otros”, por lo que esta nueva cinta se puede entender como una fórmula para desengrasar las calorías intelectuales o, directamente, no entenderse.

Porque la primera escena de “The Tourist” es una declaración de principios, pues en ella, Angelina Jolie, a pesar de ser perseguida por una cohorte de mafiosos y espías, se permite el lujo de lucir palmito tras desayunarse un croissant con zumo de naranja en una estupenda calle parisina.

Y a partir de ahí, aplicando aquello de que el que avisa no es traidor, este filme sigue esa línea a pies juntillas. El “in crescendo” será una cuestión de acumulación de hermosuras cinematográficas -se sumará un Johnny Depp dejando entrever su prometedora madurez- y arquitectónicas, que para eso la trama de supuesto suspense se traslada a Venecia.

Amor e intriga, dobles identidades y persecuciones en los canales de la ciudad italiana sólo contribuyen a adornar este desfile visual cuyo epicentro es la actriz de “Tomb Rider”, que enamora sin pudor a la cámara y combina su intercambio de identidades con un despliegue de vestuario que eclipsa las líneas del guion.

Ella es la razón de ser de este filme, que partía de una cinta francesa protagonizada por Sophie Marceau, y en el que Johnny Depp explora su registro cómico-impávido apoyado en un reparto que completan Timothy Dalton y Paul Bettany.

¿Es “The Tourist” innecesaria? Sí, porque no aporta nada al original. ¿Afectada? También, porque es un nuevo concepto de cine contemplativo en las antípodas de Apichatpong Weerasethakul. ¿Anuncio de colonias? Por ahí van los tiros, porque lo cierto es que en una supuesta trama de acción, la cámara se regodea en el ralentí y en sedosos travellings por el cuerpo de su diosa Jolie.

Sin embargo, hay que reconocer que a veces el caprichoso y visceral disfrute de la belleza vence el pulso a la tradición sesuda, al frío bisturí de la intelectualidad.

“The Tourist” es Tadzio, el adolescente de “Muerte en Venecia”. Y el espectador navideño harto de gastar neuronas el resto del año, es ese hombre dispuesto a morir de empacho estético en una playa.

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