POR JUAN TH
SANTO DOMINGO. La ley que le otorga el 4% del Producto Bruto Interno a la educación fue aprobada durante la primera gestión de gobierno de Leonel Fernández. 13 años han pasado desde entonces y el 4% no se ha logrado. El PRD gobernó cuatro años y no cumplió con la ley. El PLD, de la mano del presidente Fernández ya tiene más de diez años en el poder, y lejos de aumentar el presupuesto para tan digna causa, lo ha reducido a una media de 1.7% en esos diez años. Ahora, ante el reclamo nacional, el propio mandatario se destapa diciendo que “por más que brinquen y salten” los que exigen más recursos para el sistema educativo, no dará más de lo que da porque tiene otras prioridades, como el Metro de Santo Domingo y otras obras de cemento y acero, que tantos beneficios dejan a los funcionarios y relacionados. (La corrupción administrativa le cuesta al país más de cien mil millones de pesos todos los años, dinero que bien pudiera ser invertido en educación, ciencia y tecnología, como Chile, que sólo en becas, doctorados y maestrías en el extranjero dispone unos seis mil millones de dólares)
Países sin muchos recursos naturales han alcanzado la cima del desarrollo económico y social gracias a una gran inversión en educación, como Finlandia, Suecia, Suiza, etc. Si Japón se transformó en una potencia después de la Segunda Guerra Mundial se debe a los recursos que dispone para la formación de sus habitantes. Lo mismo podemos decir de China que para el triunfo de la revolución comunista de 1949 era una aldea aislada y empobrecida de 500 millones de personas. En menos de 50 años se ha transformado en un gigante de mil 350 millones de ciudadanos de los cuales solo 47 millones están en la pobreza extrema, según admite Las Naciones Unidas. La India, con mil millones, es otra de las naciones de Asia que marcha rápidamente hacía el progreso. Corea del Sur, que gasta más del 6% de su PBI en educación, sin contar lo que invierte en ciencia y tecnología, es la economía número 13 del mundo y es el tercer país del mundo en el uso de banda ancha de internet. Y no hablemos de Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, España, entre otros, que tienen una fuerte inversión en sus respectivos sistemas educativos. (Diversos estudios revelan que los índices de violencia y delincuencia están estrechamente asociados a los niveles educativos de los países, lo cual demuestra que no sólo de pan vive el hombre, también necesita, de manera fundamental, el pan de la enseñanza)
Los países del hemisferio latinoamericano están invirtiendo cada vez más recursos en educación bajo el entendimiento de que sólo con la educación podrán superar las barreras del atraso y el subdesarrollo. Brasil, Chile, Argentina, Honduras, Costa Rica, Bolivia, Cuba, Ecuador, Venezuela, entre otros, dedican cada año más dinero para la educación.
Pero en la República Dominicana es lo inverso. El diletante presidente de la República no cree en la educación como forma de superar la marginalidad y la pobreza, a tal punto que se niega a cumplir su propia ley del 4%.
En vez de saludar la exigencia ciudadana sus ministros y voceros en la prensa han tratado de darle un matiz político a las protestas populares. Un ministro con cara de payaso dijo que el narcotráfico patrocinada las sombrillas y las gorras amarillas; otro, no menos tarado, se preguntaba quiénes estaban detrás del movimiento que reclama educación para todos. Más lejos llegó el ministro que culpó a Hipólito Mejía de que Leonel no diera el 4%. Olvidó que cuando se aprobó la ley, que no cumplió, el presidente era Leonel, no Hipólito. De igual modo olvidó que hace casi siete años que Hipólito salió del poder. Pero el que la botó por los 411 fue el sujeto, investido de autoridad, que ha planteado eliminar la ley del 4%, al igual que todas las otras leyes que le asignan porcentajes del presupuesto a las demás instituciones del Estado como el poder judicial, legislativo, JCE los Cabildos.
El pueblo pidió un 4% para la educación. El gobierno respondió con un 11% de aumento en la tarifa eléctrica. Como vamos hacia atrás, es necesaria una táctica del pasado usada por Juan Bosch: Llevar al gobierno a su propia legalidad.  O de lo contrario, desobediencia civil.

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