SANTO DOMINGO. El maestro Daniel Barenboim, una de las más importantes figuras de la música mundial viene a República Dominicana junto con la Orquesta West-Eastern Divan, una creación suya y del desaparecido músico palestino Eduard Said, con quien creó además una Fundación que sustenta el principio del diálogo cultural entre personas de distintas culturas, credos religiosos e ideológicos, uniendo jóvenes músicos de Israel, Palestina y España.

La Orquesta West-Eastern Divan se presentará en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito los días 8 y 9 de agosto dentro del marco de Santo Domingo Capital Americana de la Cultura con un programa de obras de Betthoven que serán dirigidas por el músico judío nacido en Argentina Daniel Barenboim.

Según un boletín de la Fundación Barenboim-Said, en febrero pasado se realizaron audiciones para integrar la orquesta con jóvenes músicos de Siria, Jordania, Beirut, Egipto, Israel y España.

Barenboim además de músico es un firme activista por el diálogo y la paz entre los pueblos y ha encaminado este proyecto para demostrarle a los gobiernos y países la posibilidad de convivir sin conflictos, en especial entre Israel y los países árabes. “Nuestra orquesta es como una pequeña república independiente en la que estos niños han comprendido que el conflicto no tiene resolución militar, sino que hay que oír al prójimo”, ha dicho.

Acerca del conflicto palestino israelí, el director de orquesta judío ha dicho “nosotros hemos llegado a dos conclusiones: la primera es que el destino del pueblo palestino y el de Israel es inseparable, y segunda, como consecuencia, no hay solución militar”. “La situación actual no puede seguir: o se encuentra un modo de salir de aquí aportando condiciones resolutivas al conflicto a largo plazo, o hay una pausa y se vuelve a la situación anterior”.

“Hay que tener coraje -dijo- para aceptar el relato del otro, o al menos para entenderlo y es ésta la máxima responsabilidad de Israel”. Agregó que “ésta es una tierra para dos pueblos, no hay un pueblo con más derechos que otro, aunque no sé donde vamos a llegar, sino al pozo del sufrimiento y la tragedia humana”. La música sirve como instrumento integrador porque “no dice nada y lo dice todo, y tiene la ventaja de que las asociaciones (que a ella se hacen) son individuales y colectivas en cada uno”, destacó.

SOBRE LA FUNDACIÓN

Constituida en julio del 2004, la fundación tiene cuatro proyectos importantes:

* Orquesta West-Eastern Divan
* Academia de Estudios Orquestales
* Proyecto de Educación Musical en Oriente Medio
* Proyecto de Educación Musical Infantil

La Fundación Barenboim-Said tiene como sede la ciudad española de Sevilla. Según la página web de la institución, en palabras de Daniel Barenboim “tenemos que concienciar a la gente de la necesidad de la educación musical como elemento orgánico de la cultura. Incluso si hay educación musical, ésta es llevada a cabo de un modo especializado. En el mejor de los casos, a los jóvenes se les ofrece la oportunidad de practicar un instrumento, de adquirir inevitablemente un nivel teórico necesario, de musicología, y de todo aquello que un músico precisa profesionalmente. Pero al mismo tiempo existe una incomprensión general y creciente de un problema que es a la vez simple y complejo: esto es, la imposibilidad de articular con palabras el contenido de una obra musical. Después de todo, si fuera posible expresar con palabras el contenido de una sinfonía de Beethoven ya no necesitaríamos esa sinfonía. Pero el hecho de que sea imposible expresar con palabras el contenido de la música no significa que ésta no tenga contenido.”

Para el fallecido músico palestino Edward Said, “de lo que estamos hablando es de un proceso en el que la audiencia, el público, puede absorber algo que es bastante complejo, tanto si se refiere a la música, a la literatura o a la historia.”

(INCLUIMOS UN RECIENTE ARTÍCULO DEL MAESTRO BARENBOIM PUBLICADO EN EL PERIÓDICO “EL PAÍS”)

En la orquesta todos son iguales

“Quien no sabe de integración no puede hacer música”

DANIEL BARENBOIM

Como aquellas melodías que ni bien las escuchamos nos remiten a sensaciones o a experiencias vividas tiempo atrás, el término desigualdad me evoca una serie de imágenes, emociones y conceptos. Desigualdad es inequidad e injusticia. Es desconocimiento y enfermedades. Puede ser también incomprensión, desolación y violencia. Y llegar a ser conflicto. La desigualdad denuncia una carencia y la mayor de las privaciones: la falta de oportunidades. Tan opuestos y complementarios como la música y el silencio, la desigualdad y las oportunidades van de la mano.

El trabajo artístico y docente me ha llevado por los más diversos rumbos. He visto, a muy poca distancia el uno del otro, la opulencia y las necesidades más extremas, así como percibido los muy distintos modos que tienen las diferentes sociedades de procesar y entender tanto el sentido de la riqueza como la dimensión de la pobreza. Sin embargo, la disyuntiva entre desigualdad y oportunidades es universal y aplica en los más diversos ámbitos de la vida, tanto a nivel individual como en sociedad.

La música nos prueba que la desigualdad puede ser uno de los principales obstáculos para que las personas se desarrollen y manifiesten todo su potencial. Por la música hemos aprendido que cuando individuos y sociedades caen víctimas de la desigualdad, surgen las frustraciones personales y se potencian los conflictos. Y que tanto individuos como sociedades se benefician de iniciativas igualitarias que brinden opciones y oportunidades.

Allí donde no hay oportunidades, ya sea una mano amiga, un Estado presente o una institución comprometida, las hijas e hijos suelen repetir las frustraciones de padres y madres. Grandes músicos de la historia nacidos en la pobreza no habrían siquiera conocido lo que es un instrumento sin una ayuda que se cruzara en sus caminos. Miles de talentosos niños y niñas de hoy nunca serán músicos sin un maestro que, además de enseñarles a apreciar la música, ponga un instrumento en sus manos y le transmita conocimiento. El acceso a la música puede ser universal, pero sin una oferta real de formación, sin una oportunidad, muchos artistas quedarán malogrados.

Es así que, con toda la razón, suele señalarse a la educación como la madre de todas las oportunidades. Nuestro trabajo en la West-Eastern Divan Orchestra nos ha vuelto a demostrar el valor de la educación, tanto a nivel individual como social. En esta orquesta en la que interpretan juntos músicos árabes y judíos, la educación conjunta tiende puentes, acerca a los seres humanos y puede quebrar el círculo de la transmisión de la desigualdad así como romper el estigma entre aquellos que se consideran desiguales entre sí. En otras palabras, nuestra experiencia con la música vuelve a mostrar que la educación es un canal para romper la desigualdad que traemos del pasado y la desigualdad que tenemos hoy con nuestro prójimo.

Debemos intentar conocer mejor. Al otro y a nosotros mismos. Cuando Edward y yo fundamos la West-Eastern Divan Orchestra sabíamos que enfrentábamos no sólo un desafío político, sino también de desigualdad y carencia de oportunidades.

Una orquesta es un gran ejercicio contra la desigualdad, y del que todos podemos aprender para trasladarlos a otros ámbitos. En una orquesta todos somos iguales ante la obra, pero también interdependientes: el violín tiene necesidad del clarinete, que a su vez necesita al contrabajo, al chelo y al piano. Yo me vuelco personalmente; interpreto, pero escucho lo que hacen los demás. Me controlo en función de lo que hacen los otros. Así, el director, el único que no tiene una relación directa con el sonido, depende de la actitud y la aptitud de cada músico. Depende de lo que quiere y puede hacer el otro. Por supuesto, el director guía, entrega, pero también recibe la propuesta del músico.

En muchos de los grandes conflictos que enfrenta hoy la humanidad lo primero que habría que mencionar y atender es la igualdad de derechos. Los conflictos suelen tener su génesis en la falta de justicia humana y justicia social. Debemos hallar soluciones buenas para todos. La paz necesita de desarrollo y el desarrollo requiere de igualdad. Y así como existen mecanismos que refuerzan la reproducción de la desigualdad, nuestros pequeños logros en el ámbito del arte y la docencia muestran que sí es posible reducir la desigualdad mediante acciones concretas, integrales y eficaces.

Estas deducciones, con argumentación científica y profundidad, son presentadas por el Informe sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe que hoy se lanza, que trata la transmisión intergeneracional de la desigualdad. Se trata de una región que ha sabido de oportunidades para sus hijos e hijas, que ha recibido inmigrantes de todos los puntos del planeta y, en muchos casos, construido sociedades integradas, con respeto y consideración al prójimo. Sin embargo, la desigualdad se presenta hoy como uno de los principales obstáculos para el desarrollo humano en la región.

Puedo dar mi evaluación en lo que se refiere a lo musical y desprender de allí un anhelo a otros ámbitos. La música tiene que ver con la condición humana. Y haciendo música con inteligencia, con entusiasmo, con amor y con devoción, se pueden combatir no sólo la droga y el crimen, sino muchos otros males de la sociedad. Ante la música somos todos iguales. Y eso es lo que habría que entender y tendría que pasar también fuera de la música. La música es un idioma de igualdad e integración. El que no entiende de integración no puede hacer música. El músico para crear tiene que integrar el ritmo, la armonía, la melodía, el volumen, la velocidad. Por eso es importante que la forma de hacer música podamos revivirla en la vida cotidiana de nuestras sociedades.

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