Redacción internacional, (EFE).- Hace 25 años, una película descubrió al mundo la vida de un grupo religioso anclado en el siglo XVIII, los “amish”, a través de una historia policíaca con elementos antropológicos que valió a Harrison Ford su única nominación al Óscar: “Witness”.

Dirigida por el australiano Peter Weir, fue su primer largometraje realizado en Estados Unidos y también su estreno como candidato a los Óscar, aunque de las ocho nominaciones que tenía sólo consiguió las de mejor guión original y mejor montaje en un año en el que “Out of Africa” acaparó siete estatuillas.

Weir y Ford se quedaron sin Óscar pero la película – que se estrenó el 8 de febrero de 1985- fue un importante punto de inflexión en las carreras de ambos.

Para el realizador australiano supuso su entrada en Hollywood por la puerta grande, mientras que el papel del integro policía John Book permitió a Ford demostrar que podía hacer algo más que interpretar a Hans Solo o a Indiana Jones.

El actor decidió arriesgarse con un proyecto en principio menor y de encargo que estaba poniendo en marcha Peter Weir, que llegaba a Estados Unidos con el bagaje de dos películas que habían sido alabadas por la crítica, pero no que no fueron precisamente éxitos de público: “Gallipoli” (1981) y “The year of living dangerously” (1982).

“Para ser honesto, acepté el encargo porque decidí que era una buena idea no sólo hacer filmes que me obsesionaran. Quería ser como los directores de los años 40 que aceptaban encargos de sus estudios y lo llevaban bien”, explicó Weir en una entrevista con “Los Angeles Times”.

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Sin embargo y a pesar de que el proyecto comenzó como un simple encargo, Weir se mostró rápidamente interesado en la historia, especialmente en su vertiente más social, en la vida de los “amish” y comenzó a construir la narración con el apoyo de Ford a su enfoque.

La idea era mezclar una típica historia policíaca -un niño que es testigo de un asesinato en el que están mezclados agentes de la ley- con el aprendizaje que puede suponer para un hombre el entrar en contacto con una cultura diferente.

El capitán John Book trata de proteger al niño (Lukas Haas y sus impresionantes ojos, uno de los grandes aciertos de la película) y a su madre Racel (una Kelly McGillis que nunca terminó de despegar) y para ello debe permanecer con ellos en su comunidad ‘amish’ de Pensilvania.

“Era una gran oportunidad mostrar un choque entre dos mundos. Un hombre del siglo XX para quien la violencia era un hecho forzado por su vida que tiene que refugiarse en una sociedad pacífica inalterada desde el siglo XVIII”, explicó el director.

Su objetivo no era usar a los ‘amish’ como un escenario exótico. Quería que fueran una parte esencial de la historia y lo consiguió.

Porque aunque la parte policíaca del filme está bien trazada y es efectiva, es sin duda la vida de los ‘amish’ y la relación tan desigual que se establece entre la madre y el policía lo que llamó la atención de los espectadores.

Los ‘amish’ habían pasado desapercibidos hasta entonces para el gran público, que descubrió con interés a esta comunidad religiosa que vive siguiendo las tradiciones de principios del siglo XVIII con las que vivían sus antepasados holandeses cuando llegaron a Estados Unidos.

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Vestidos largos negros, camisas blancas, botones en lugar de cremalleras, tirantes para reemplazar los cinturones, nada de electricidad, ni coches, ni móviles, ni televisión, ni tan siquiera música.

Unos elementos que junto a su vida eminentemente agrícola y ganadera y unas relaciones personales muy conservadoras fueron fielmente retratados por Weir en el filme.

A través de las miradas de Rachel y Book -y la famosa escena del baile en el garaje-, el realizador supo transmitir las diferencias sociales y culturales entre ambos. Y aunque en la relación del policía y el niño esa brecha parecía ser menor, las distancias entre los dos mundos se van haciendo cada vez más evidente a medida que avanza la historia.

Un parte antropológica del filme bien entrelazada con la policíaca en la que el enfrentamiento es entre Harrison Ford y Danny Glover y que tiene su punto culminante en una persecución excelentemente rodada en un granero.

El resultado fue la película más taquillera hasta la fecha de Weir (posteriormente superada por “Dead Poets Society”, “The Truman show” y “Master and Commander: The Far Side of the World”) y ocho nominaciones a los Óscar.

Y entre sus curiosidades, “Witness” fue el debut como actor de Vigo Mortensen

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