Madrid,  (EFE).- El atún rojo, una especie que ha alimentado y sustentado a los pueblos del Mediterráneo durante más de 3.000 años, está a punto de desaparecer sin que los gobiernos hagan nada para remediar la sobreexplotación de esta especie que según algunos expertos podría estar ya “técnicamente agotada”.

Décadas de sobreexplotación y pesca ilegal unida a la pasividad de los gobernantes que sólo protegen los intereses particulares y cortoplacistas de la industria pesquera han hecho que el atún rojo esté tan amenazado como los orangutanes o los gorilas pero si en un restaurante no pedimos filete de orangután ¿por qué pedimos sushi?

Esta es la principal denuncia del documental “The end of the line”, realizado por Greenpeace, Mar Viva, Oceana, WWF y Ecologistas en Acción, narrado en español por Miguel Bosé y en inglés por Ted Danson, y presentado hoy en una rueda de prensa.

El trabajo muestra el impacto que la desaparición de esta especie tendrá sobre los océanos y qué se puede hacer para evitarlo, no sólo desde los gobiernos sino también por parte de los consumidores.

Actualmente sólo quedan en los océanos menos de un 15 por ciento del volumen total de esta especie y, pese a todo, las pesquerías de todo el mundo “duplican” e incluso “triplican” las capturas anuales permitidas por la Comisión Internacional para la Conservación de Atunes del Atlántico (CICAA) cada año.

De hecho, pese a que los científicos pidieron una moratoria urgente de la pesca del atún rojo, el pasado noviembre el CICAA fijó en 13.500 toneladas la cuota pesquera de este año.

Sin embargo, los más optimistas piensan que la dramática situación que atraviesa esta especie marina aún puede solucionarse.

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Tan sólo hacen falta dos cosas, explica el director de Oceana Europa, Xavier Pastor, que en la próxima reunión del Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES) que se celebrará en marzo en Doha (Qatar), todos los países apoyen la prohibición “inmediata” del comercio internacional de atún.

Actualmente, entre un ochenta y un noventa por ciento de los atunes que se pescan se envían directamente al mercado japonés, de modo que, si se suscribiese esta prohibición de manera internacional el comercio del atún sería viable y sostenible.

La segunda medida que permitir mantener el consumo de atunes durante centenares de años como hasta ahora sería la creación de un santuario natural en aguas del Mediterráneo, en una zona de 55.000 kilómetros cuadrados que ya ha sido delimitada por el Gobierno balear y que permitiría la reproducción de esta especie, explica la responsable de Greenpeace, Pilar Marcos.

Por ello, y dado que España ostenta ahora la presidencia de la UE, los ecologistas han exigido al Ejecutivo español que promueva la protección del atún rojo porque “los políticos hablan; los líderes actúan”, ha recordado Marcos.

Pero mientras, los consumidores también “podemos hacer mucho”, sostiene Miguel Bosé para quien “siempre hay alternativas al sushi o los platos elaborados con atún rojo porque todos somos responsables de lo que pasa en el mar y cuidarlo es cuidar de nosotros mismos y de nuestro futuro”.

El documental, que fue presentado en el Festival de Cine Independiente de Sundance 2009, se estrenará en Canal + el próximo 8 de febrero. EFE

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