Santo Domingo. El país ya no se inmuta con los escándalos. Poco a poco la población se encuentra “anestesiada”, el día a día “sepulta” los acontecimientos y seguimos tan campante como el famoso whisky.

Estamos tan jodidos que nos distraen fácilmente con escándalos que dejen ver el refajo de los compromisos  de algunos estamentos de la sociedad con los hechos delictivos. Las últimas horas de nuestra existencia, el país y el mundo han sido testigo de dos hechos que nos convocan a un circo: El caso de la señora Sobeida Félix, acusada de lavar millones, millones de pesos y la triste historia de una figura de la que en una ocasión nos sentimos orgullosos, y me refiero a Sammy Sosa y su lucha por ser blanco.

Ambos hechos han acaparado nuestra atención.  Lo de Sammy es la chercha en la red, en las esquinas, en las familias, en las tertulias, mientras que lo de Sobeida Félix ha generado los más variados comentarios. Lo de la señora, cuyo paradero no se sabe gracias a la decisión que tomó una Juez de premiarla con la libertad es algo que espanta aún a quien esté  “anestesiado”. Es una situación que envía un mensaje bastante jodido a la sociedad, a los organismos que combaten el tráfico y lavado de drogas.

Lo de Sosa no busca otra cosa que “brillar” en la prensa y lo ha logrado. Su cambio “estrategia” de mostrar una cara “blanca” le funcionó. Salió del anonimato luego de que dominicanos tuvieron un acción destacada en las Grandes Ligas. Es penoso que termine de esa forma, pero esa es la dinámica de Sosa.

Estamos en medio de un circo, los problemas fundamentales de la sociedad están en segundo plano.

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