DESAHOGO/

SEVERO RIVERA/. La Autoridad Metropolitana del Transporte, conocida popularmente como AMET hace años que perdió su norte. La institución inspirada en una institución que lleva el mismo nombre en Estados Unidos se instituyó durante el primer gobierno que encabezó el hoy presidente Leonel Fernández.

Su primer gerente lo fue el ingeniero Hamlet Herman. Llegó allí a tratar de poner el caos que imperaba en el transito de Santo Domingo, en ese momento, un juego de niños comparado con lo que sucede en nuestra insoportable ciudad. Herman se enfrentó a los grupos empresariales del transporte que se sienten dueños de las calles, a gente humilde que se siente con el derecho a obstaculizar el transito bajo el argumento de que son “padres de familias”.

Herman terminó saliendo del cargo, luego vinieron otros que impusieron sus reglas y mandaron al carajo los lineamientos que dieron origen a una institución necesaria. Amet dejó su rol cuando luchas internas en la Policía Nacional la llevaron a formar parte de una institución, dejó ser una entidad independiente para ir a depender de un órgano plagado de corrupción, que terminó en el famoso departamento de patrullas de camino que vendía puntos para extorsionar a los usuarios de las carreteras.

Hoy, Amet no es más que una entidad que hace muy poco para que se cumplan las reglas del tránsito. Se han convertido recaudadores en lugar de hacer cumplir las leyes a quienes las violentan. Amet está más ocupada en atender cuando una persona viola la ley porque mientras conduce y habla por un celular, que ver a choferes detenerse en un lugar que dice no pasajero para tomar a sus clientes, o dejar pasar delante de sus narices a motoristas que transitan por los túneles y elevados.

El director de Amet y el Fiscal del Distrito Nacional anuncian hoy un “plan” para desalojar de la ciudad las chatarras. Eso no pasará de ser una estrategia mediática, que procura ganar, como en efecto lo han logrado, titulares en la radio, la prensa escrita y la televisión, precisamente, días previos al 16 de agosto, fecha en la que esperan uno que otros cambios en el tren gubernamental.

En una sociedad con poco de organización, Amet debería trabajar en coordinación con el Ayuntamiento del Distrito Nacional, pero eso no existe, porque el Síndico anda en otra cosa: está planeando su futuro político.

Las leyes están ahí, pero los “gerentes” estatales no están en eso y el caso de la Amet nos recuerda que por más avances tecnológicos y reglamentaciones, seguimos siendo una nación incapaz de regular a nadie.

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